Jueves , marzo 23 2017
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José Narro Robles

El último presidente de la República nacido en Coahuila, Venustiano Carranza Garza, murió asesinado en 1920. Hace casi 97 años. Hoy, el nombre de otro coahuilense, José Narro Robles, empieza a citarse como posible candidato del Partido Revolucionario Institucional en las elecciones de 2018, unos comicios que desde ahora se anuncian complicados para el partido en el poder.

El actual secretario de Salud y ex rector de la Universidad Nacional Autónoma de México tiene a su favor dos cartas: la imagen de hombre sensato y la honestidad. En su larga carrera en el servicio público y en los dos periodos en la rectoría de la UNAM nunca ha sido acusado de corrupción, vicio tan arraigado entre nuestros políticos y que tanto lastima a los ciudadanos.

Su inclusión en la debilitada baraja del PRI frente a la sucesión presidencial es efecto de las malas noticias que insisten en darle al tricolor las casas encuestadoras. Muchos aseguran que, de no ocurrir un cambio dramático en el ánimo de los ciudadanos, la antes invencible aplanadora electoral podría caer a un deslucido tercer lugar en la carrera del ‘18, comiéndose el polvo levantado por Morena y el Partido Acción Nacional.

Es un misterio si la hoy supuesta precandidatura de Narro Robles sobrevivirá a los golpes –internos y externos– y a las muchas piedras del empinado camino desde aquí hasta la oficialización de la candidatura.

Por lo pronto, lo que hasta hace poco eran meras especulaciones de columnistas y opinadores parecen estar siendo tomadas en serio por ciertos políticos. Prueba de ello es la intempestiva andanada que disparó contra él la Federación de Sindicatos de Trabajadores al Servicio del Estado, exigiéndole que se ocupe del sector salud y deje de hacer “proselitismo con propósitos futuristas”.

No cabe duda, el paisano empezó a pisar callos de alguno o algunos que sueñan con poder dormir en Los Pinos. Este fue el primer disparo imputable al “fuego amigo”.

Narro Robles es el cuarto coahuilense citado como aspirante serio a la Presidencia. El primero fue, en 1934, el general Manuel Pérez Treviño, exgobernador de Coahuila y presidente fundador del Partido Nacional Revolucionario, abuelito del PRI. Sin embargo, el jefe máximo, Plutarco Elías Calles, inclinó la balanza a favor del general Lázaro Cárdenas, y al hacerlo sepultó la carrera política de Pérez Treviño.

Pasarían 12 años para que otro hijo de estas tierras figurara entre los aspirantes a “tapado”. Don Nazario Ortiz Garza, secretario de Agricultura y Ganadería en el gobierno de Miguel Alemán Valdés, figuró en la lista de posibles sucesores del presidente. También exgobernador de Coahuila, perdió la carrera cuando don Adolfo Ruiz Cortines pegó el salto de la secretaría de Gobernación a la silla presidencial, en 1952.

Llegada la alternancia, y con Vicente Fox en Palacio Nacional, el nombre de Enrique Martínez y Martínez empezó a sonar fuerte como aspirante a la Presidencia de la República en el seno de la Confederación Nacional de Gobernadores (Conago). Sin embargo, los miembros de la Conago postularon en agosto de 2005 a Arturo Montiel, quien finalmente declinó en bien de la “unidad del partido”, mientras le caía un fuerte chubasco de acusaciones por actos de corrupción perpetrados durante su mandato al frente del Gobierno del Estado de México.

¿Tendrá mejor suerte el doctor José Narro Robles? Sólo el tiempo podrá decirlo. Habrá de correr mucha agua bajo los puentes antes de que se dé la postulación oficial del candidato del PRI. De ser el elegido, el doctor tampoco la tendrá fácil. Es, casi, casi, comprar un boleto para la rifa del tigre. Por lo pronto, allí está entre los elegibles.

Javier Villarreal Lozano

Fuente: Periódico “Zócalo”, Monclova, Coahuila

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