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Intensa trilogía lluviosa

El subsuelo peninsular tiene límites

Jorge Alfonso López González (*)

Fuente: Diario de Yucatán

Algunos la califican como la tormenta perfecta, yo le llamo la trilogía “Cristóbal”-“Gamma”- “Delta”, lo cierto es que lo sucedido en la Península de Yucatán entre el 5 y el 8 de octubre de 2020 en materia meteorológica, hidrológica e hidráulica en general, ha venido a redondear un año atípico en todos los sentidos.

Lo que conocemos como Península de Yucatán fue hace millones de años fondo marino, basta con excavar unos metros de profundidad y se pueden encontrar huellas de conchas. Era un enorme arrecife de coral, el cual al emerger y quedar expuesto al sol muere (el coral es un ser vivo formado mayormente por calcio), y da lugar al terreno de piedra caliza que luego de disolverse durante miles de años ha formado el subsuelo denominado Karst.

La formación incluye cuevas, pozos, cañadas, cenotes, estalactitas y estalagmitas; el conjunto forma una inmensa esponja por donde el agua de lluvia que cae se infiltra y no permite la formación de ríos y arroyos superficiales permanentes, todo sucede al interior, en el subsuelo y este hecho dio lugar a la formación de un gran acuífero subterráneo, el mayor del país.

Soy graduado en Ingeniería Civil por la Universidad de Yucatán y durante mis años de Maestría en Ciudad de México escuché por vez primera el famosos dicho “Si se acaba el mundo me voy a Mérida”, queriendo decir con esto que aquí no pasaba nada, ni sismos, ni inundaciones por desbordamiento de ríos, y solo uno que otro ciclón que nos complicaba la vida por un tiempo y luego la vida seguía igual.

Pues bien, así las cosas, todos los estudios indicaban que la Península era poco susceptible a las inundaciones hasta que llegó el huracán “Isidoro” en 2002 y recuerdo muy bien las inundaciones que ocurrieron en el sur del estado específicamente en los poblados de Tigre Grande y El Escondido, del municipio de Tzucacab, en su momento se señaló que ocurrieron inundaciones nunca antes vistas hasta de 3 metros de altura sobre el nivel de terreno y otros indicaban que llegó hasta la altura de los cables de electricidad. Lo anterior provocó un desastre social que impactó la región por varios años. Hidrológicamente hablando el acuífero y por consiguiente el nivel freático en esta región, se encuentra a más de 100 metros de profundidad y lo que ocurrió no lo provocó la subida de nivel de aguas subterráneas sino al trasvase o entrada de agua por los desbordamientos de los ríos del estado de Campeche y zonas aledañas, sumadas a las 36 horas de lluvias torrenciales del huracán que se estacionó sobre el sur del estado y a que estos poblados se encuentran en una cuenca cerrada (una especie de olla) y el agua les llegó superficialmente.

Mérida sufrió graves daños materiales y en la ciudad el nivel freático subió poco más de 2 metros e inundó el único estacionamiento subterráneo de doble nivel hacia abajo existente construido en un hotel de la avenida Paseo de Montejo.

La ciudad no se extendía tan al norte como ahora y ocurrieron inundaciones que el subsuelo fue absorbiendo a razón de 30 cm por mes en promedio. “Isidoro” dejó una lámina de agua de 255 mm en el estado.

Las precipitaciones pluviales del huracán “Isidoro” sirvieron de marco conceptual como las lluvias máximas registradas en Yucatán y fueron el referente para el diseño de los sistemas de drenaje pluvial a base de pozos de absorción y área de influencia superficial que han regido hasta ahora.

Y llega el atípico 2020 con pandemias y precipitaciones nunca antes registradas. Luego de una intensa sequía durante la primera parte del año, llega a principios de junio la tormenta tropical “Cristóbal” que durante tres días baña la ciudad de Mérida dejando caer una lámina de agua de 600 mm y aumenta los niveles de las aguas subterráneas hasta 4 metros provocando encharcamientos e inundaciones en la ciudad y en algunos edificios con estacionamiento subterráneo.

Vale la pena mencionar como marco de referencia que el sur de la ciudad de Mérida tiene un nivel de 10 metros por arriba de sus aguas subterráneas, el centro de la ciudad de 7.5 a 8 m y el norte de unos 5.5 a 6 metros en promedio. Lo anterior significó que el subsuelo tuvo la capacidad de absorber el agua precipitada midiéndose en puntos de observación un promedio de 20 a 25 cm/mes.

Menos de cuatro meses después de “Cristóbal” cuando las aguas subterráneas habían descendido poco menos de un metro, inciden en el estado a principios de octubre la tormenta tropical “Gamma” seguida del huracán “Delta” y entre ambas dejan una lámina de lluvia cercana a los 300 mm, que sumados al agua dejada por “Cristóbal” triplican lo ocurrido con “Isidoro” 18 años atrás.

Prácticamente llueve sobre mojado y sucede el desbordamiento del acuífero sobre todo en la zona norte del municipio de Mérida en terrenos aledaños a la carretera a Progreso, donde surgen zonas lagunares en los fraccionamientos, comisarías, bancos de materiales, cenotes y cuanta oquedad natural o artificial existe, con una espectacularidad nunca antes vista; drenar el agua en zonas habitadas se vuelve una labor titánica, es comparable con querer sacar el agua de una piscina olímpica a cucharadas.

En la costa, específicamente en Chicxulub, pude observar y filmar el surgimiento de pequeños ojos de agua en la playa, en el puerto de abrigo de Progreso las aguas cenagosas se desbordaron y al entrar al mar se pudo filmar el contacto del agua dulce con la salada y que por diferencia de densidad no se mezclan.

La ciénaga comenzó a recargarse con aguas freáticas y los flamencos tuvieron que salir al inundarse su hábitat, en Sisal, Río Lagartos, Chuburná Puerto y gran parte de las zonas costera surgieron escurrimientos superficiales que a manera de ríos desembocan al mar, en resumen, el acuífero peninsular al quedar rebasado está saliendo por donde le es más fácil tal como si se tratara de una esponja completamente húmeda que es aplastada.

Enseñanzas

Lo ocurrido demuestra que la capacidad de absorción y el almacenamiento de agua en el subsuelo peninsular tiene límites y cuando éste es rebasado se desborda como los ríos en la superficie.

Este es ya el nuevo marco de referencia para dimensionar los sistemas de drenaje que hasta antes de la trilogía habían funcionado.

Estamos pues en el umbral para el diseño de un sistema formal de Drenaje Pluvial para la ciudad de Mérida.

Los estudios que se tendrán que hacer ahora antes de aprobar la construcción de una nueva zona habitacional en áreas susceptibles a inundar, deberá comenzar por un análisis del relieve topográfico y de la altura del terreno sobre el nivel del acuífero y de ahí surgirá el diseño del sistema constructivo. En resumen, la naturaleza ha puesto las nuevas reglas del juego y el hombre tendrá que adaptarse a ellas.—Mérida, Yucatán

jorgelopezglez@hotmail.com

Consultor en Hidrología y Maestro de Hidrología e Hidráulica. Universidad Marista de Mérida.

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