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Innovador y controversial

Franck Fernández (*)

Publicado en Diario de Yucatán

Entre los compositores de música clásica, si hay uno que genera controversia es el alemán Richard Wagner. Existen maravillosos artistas que, como personas, no están a la altura.

De Wagner se han dicho todas las cosas horribles: que se aprovechaba de una relación que dio mucho que hablar en su época conociendo las excentricidades y preferencias sexuales del rey Luis II de Baviera; se habló de que se casó con Cósima, la hija de Litz, para poder disfrutar de la fama de su suegro; que utilizaba a los amigos, como es el caso de Félix Mendelssohn, director de la Gewandhaus de Leipzig, que era el único que en un momento dado interpretaba su música para después escupir sobre aquellos de su raza.

Se podrá decir todo lo que se quiera de Wagner como ser humano, pero es necesario reconocer que fue uno de los grandes compositores que ha dado la humanidad.

Sus óperas estuvieron fundamentalmente inspiradas en la mitología germano-escandinava. Esto más adelante dio lugar a que fuera asimilada a las ideas supremacistas, xenófobas y racistas de los nazis. No por casualidad Wagner era el compositor preferido de Hitler.

Wagner conoció en varios momentos de su vida graves crisis financieras y generalmente su amigo y mecenas, el rey Luis II, era quien metía la mano al bolsillo para sacar a su protegido de la situación. Las obras operísticas de Wagner son de gran envergadura y para ellas el compositor quería que se construyera un teatro especial donde deseaba introducir toda una serie de nuevos conceptos en el manejo de un teatro.

Para eso escogió un pequeño burgo cerca de la ciudad de Nuremberg, la pequeña ciudad de Bayreuth. La idea era no solo crear el teatro adecuado para la mejor interpretación de sus obras, sino también una sede donde se pudieran realizar festivales de su trabajo como compositor.

Wagner, en colaboración con el arquitecto Semper, introdujo toda una serie de innovaciones en la construcción de este teatro. Para la orquesta existe un gran foso casi enteramente bajo el escenario, con la intención de que los espectadores no puedan entretenerse con el movimiento del director de la orquesta o los músicos y prestaran toda la atención al drama que se desarrollaba sobre la escena. Fue Wagner el que impuso que las puertas se cerraran inmediatamente apenas se comenzaba la función, no permitiendo que nadie entrara a la misma (cosa que necesitamos en Mérida). Hizo que se apagaran las luces del teatro durante la función.

La decoración interior del teatro es muy sencilla habiendo hileras muy largas con un pasillo a la derecha y otro a la izquierda con el fin de que los que vinieran no tuvieran que estarse levantando para que todo el mundo pudiera prestar atención a la obra. Este teatro tiene pocos palcos haciendo que todos, cualquiera que sea el estrato social, sean iguales ante la música.

Después de grandes esfuerzos se inauguró el nuevo teatro en el año 1876, aunque la estructura exterior quedó casi en su integralidad de madera, porque se creía que más adelante se haría una construcción sólida. Así se mantiene hasta nuestros días. El estreno esa noche del 13 de agosto de 1876 fue un verdadero evento internacional. El emperador alemán y el emperador brasileño Pedro II estuvieron presentes, así como una enorme cantidad de altos funcionarios, cancilleres, intelectuales, presidentes y grandes compositores de toda Europa, entre ellos Chaikovski. La obra más importante de Wagner es su tetralogía El Anillo del Nibelungo, que está compuesta por las óperas El Oro del Rin, La Valquiria, Sigfrido y El Ocaso de los Dioses. El Festival se mantuvo ininterrumpidamente cada año hasta que en 1914 estalló la Primera Guerra Mundial. La gran crisis económica que esta guerra generó en Alemania hizo que solo se reanudaran los festivales en 1924, deteniéndose nuevamente en 1945. Es necesario señalar que los años del fascismo marcaron una impronta nefasta en la historia de este festival. El sentimiento de odio hacia otras razas encontró caldo de cultivo en los temas escogidos por Wagner. Este fenómeno no era casual, ya con el advenimiento del Segundo Imperio Alemán en 1871, el propio Wagner quería ser reconocido como el compositor titular del imperio.

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, la pequeña ciudad de Bayreuth estaba prácticamente destruida, así como la casa de la familia Wagner que se encuentra no lejos del teatro, pero milagrosamente el teatro en sí no había sufrido ningún daño. Durante los años de ocupación del ejército norteamericano y después con la creación de la RFA el teatro, que había sido propiedad de los descendientes del compositor, fue puesto en fideicomiso en manos del ayuntamiento de la ciudad, hasta que en 1951 volvió a manos de la familia Wagner. Desde entonces, distintos descendientes del compositor o familiares han dirigido el que ya hoy en día es uno de los más importantes festivales de ópera del mundo, no sin ello aportar grandes modificaciones. Algunas de ellas son incluir cantantes y directores de orquesta de otros países que no sean alemanes, incluso hasta una cantante negra ha actuado sobre el escenario del teatro de Bayreuth.

No cualquier cantante de ópera puede especializarse en las óperas wagnerianas. Son obras extremadamente largas que necesitan no solo un perfecto dominio de la técnica del bel canto, sino también una extraordinaria fuerza física.

El Anillo de los Nibelungos se canta durante cuatro días seguidos y su representación puede durar hasta 16 horas, lo que en sí explica lo maratónico de una de estas representaciones operísticas.

Hoy en día del 15 de julio al 30 de agosto, cada año, se presenta el Festival de Bayreuth, a donde asiste la crema y nata de la jet set mundial, en una verdadera pasarela sobre alfombra roja de glamur y buen tono. De un total de 500 mil personas que cada año solicitan comprar boletos para asistir a escuchar una ópera en este importante festival sólo se venden 60 mil. Esto da una idea de la popularidad que tiene el mismo. Aquellos que logran comprar su entrada la compran con varios años por anticipación sin saber qué ópera podrán ver ni qué cantantes la interpretarán Así que, si le interesa ver en todo su esplendor una ópera de Wagner en el muy importante Festival de Bayreuth, apúrese y compre su entrada desde ahora, la espera puede durar hasta 10 años.

Frank Fernández

Traductor, intérprete y filólogo. altus@sureste.com

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