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Impactos del Tren Maya

Mirada antropológica

Rodrigo Llanes Salazar (*)

Publicado en Diario de Yucatán

¿Cuáles serán los impactos sociales, culturales, económicos, políticos y ambientales del Tren Maya? En realidad, no lo sabemos. Las autoridades han comunicado que las evaluaciones de impacto ambiental y social se realizarán hasta que esté listo el proyecto ejecutivo.

Y, en realidad, aunque se hagan dichas evaluaciones, eso tampoco significa que sabremos con certeza cuáles serán las afectaciones del Tren Maya para la región. Esto se debe a muchas razones, que van desde el diseño mismo de nuestra normatividad nacional, que separa por un lado la evaluación de impacto ambiental y por otro la de impacto social —¡deberíamos tener una sola evaluación de impacto socioambiental!—, hasta cuestiones prácticas de las evaluaciones: si son realizadas por entidades contratadas por los promotores del proyecto, lo que generalmente supone un conflicto de interés, hasta la calidad misma de los estudios realizados. Por el momento, lo que tenemos es incertidumbre y falta de información. Debido a ello, el gobierno emprendió a mediados de junio la caravana “El Tren que nos une”, que hizo paradas en distintos municipios de la Península de Yucatán, Chiapas y Tabasco para informar a los habitantes los efectos del Tren Maya. De acuerdo con algunos medios de comunicación que han cubierto la caravana, la información proporcionada por las autoridades que promueven el proyecto consiste en los beneficios que traerá el Tren Maya: detonará empleos y mejorará las condiciones de vida de las comunidades.

En realidad, la caravana no era solo informativa, también fue una suerte de festival itinerante en el que se celebraron eventos literarios, musicales, cinematográficos, de danza y juegos para niños. También informó sobre programas sociales federales. Para algunos críticos del Tren Maya, estas actividades paralelas a la información sobre el tren buscaban persuadir a la población para aceptar el proyecto. Mientras la caravana pregonaba los beneficios del Tren Maya, ofrecía espectáculos e información sobre los programas sociales del actual gobierno federal, salieron a la luz dos documentos que ofrecen una mirada muy distinta sobre los posibles efectos causados por el tren. Uno de ellos es el artículo “El tren maya, ¿por qué están tan preocupados los biólogos?”, elaborado por académicas de la Unidad de Recursos Naturales del Centro de Investigación Científica de Yucatán (CICY) y por una historiadora de la Unidad Unidad de Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Yucatán, publicado en la revista “Desde el Herbario CICY”.

En ese artículo, las autoras expresan que su preocupación “es que al entrar el tren a la Reserva de la Biósfera de Calakmul y darle conectividad con el turismo masivo de Cancún y la Riviera Maya, esto pueda derivar en un colapso ecológico” (p. 119).

Las autoras nos recuerdan los diversos servicios ecosistémicos que nos brindan las selvas: son los pulmones del planeta, regulan la temperatura del ambiente, proveen agua. La fauna que habita en ellas contribuye al control de plagas, a la polinización, controlan poblaciones de herbívoros y ayudan a la regeneración de las plantas en los bosques.

Para las autoras, el proyecto del Tren Maya, que, recordemos, no es solo un medio de transporte, sino, ante todo, un megaproyecto turístico, impactaría negativamente en los servicios ecosistémicos de la selva de la región. Por ello, advierten que: “la destrucción de la poca selva que nos quede puede llevar a que los grandes mamíferos no tengan suficiente comida y refugio y mueran. Con esto los herbívoros aumentan y disminuye la regeneración de la vegetación, que igualmente ya se habrá visto afectada por la falta de polinizadores y por el calentamiento en las zonas deforestadas. Esto deriva en que una vez que los grandes árboles mueran, no hay repoblamiento de individuos jóvenes. Entonces cambiarán las lluvias, se vaciarán los mantos freáticos, subirián las temperaturas y los cultivos no serán polinizados” (p. 124).

El segundo documento se titula “Impactos sociales y territoriales del Tren Maya. Miradas multidisciplinarias”, y es el primer producto de una investigación colectiva sobre el Tren Maya, realizada por investigadoras e investigadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), entre otras. Este primer producto se basa en trabajo de campo y documentación de testimonios en Mérida y en Bacalar. En la introducción del documento, Giovanna Gasparello, antropóloga del INAH, señala que las y los autores “coincidimos en la visión crítica y la preocupación frente a las consecuencias que la realización del proyecto denominado Tren Maya podría implicar para quienes habitan los territorios interesados por el proyecto y para la sociedad nacional en su conjunto” (p. 5).

El documento está organizado en tres ejes: 1. “Ordenamiento territorial y geopolítica del Tren Maya”, 2. “Violencia y turismo de masas” y 3. “Contradicciones, violaciones y vulneraciones del Tren Maya a los pueblos indígenas y campesinos”.

Con respecto al primer eje, Ana Esther Ceceña, economista de la UNAM, sitúa al proyecto del Tren Maya en el contexto de la región del Gran Caribe, los intereses de Estados y empresas por el petróleo en la región, los conflictos con Venezuela y Cuba, y propone que podemos pensar al Tren Maya como “un proyecto que responde a estos intereses continentales de reordenamiento del territorio en función de los flujos comerciales y energéticos” (p. 12). Del mismo modo, el proyecto sería una respuesta del gobierno mexicano a las presiones de Estados Unidos para ejercer un mayor control de los migrantes centroamericanos, por ejemplo, usándolos como fuerza de trabajo en el proyecto.

En uno de los textos del segundo eje, Gasparello advierte los riesgos de que el turismo de masas provocado por el Tren Maya provoque un incremento de violencia por la presencia de grupos criminales. Gasparello nos recuerda que la región “es clave para los distintos giros de la economía criminal”, particularmente de cocaína y prostitución.

Un incremento de turistas va acompañado de una mayor demanda de drogas y prostitución, así como de violencia. Así, señala la autora, actualmente cuatro cárteles se disputan las plazas de Cancún y Playa del Carmen: los de Sinaloa, del Golfo, los Zetas y Jalisco Nueva Generación. Esta situación podría extenderse con la expansión del turismo.

En el tercer eje, Violeta Núñez, economista de la UAM Xochimilco, apunta que, a pesar de que las autoridades han declarado que la mayoría de los ejidatarios están de acuerdo con el Tren Maya, aún no se han hecho públicas las actas de asambleas de los ejidos que serán afectados por el proyecto. Del mismo modo, advierte algunos riesgos relacionados con el Fideicomiso de Infraestructura y Bienes Raíces (FIBRA), mecanismo por el cual los ejidatarios se incorporarán al proyecto. Para ella, “queda entonces la duda de si los ejidatarios nunca más podrían ser ‘dueños’ de la tierra, porque ésta pertenecerá al fideicomiso, lo cual sería un elemento de gran preocupación a futuro” (p. 40).

En otro texto del tercer eje, Gasparello expone algunas de las violaciones a los derechos de los pueblos indígenas de la región. Para ella, la sola existencia del proyecto “en sí ya es una violación” a los derechos a la libre determinación y al territorio. También se ha violado el derecho a la consulta previa, libre e informada, pues se han llevado al cabo varios actos de autoridad sin que se realice una consulta, desde la instalación de la primera piedra del Tren Maya en Palenque el 16 de diciembre de 2018 hasta la reciente presentación pública del proyecto ante empresas constructoras e inversionistas a finales de mayo de este año, pasando por la firma de contratos y convenios con distintas empresas e instituciones (p. 44).

Además de las preocupaciones ya mencionadas, debemos agregar el tema fundamental del agua. ¿La región está preparada para recibir a millones de turistas más? Yucatán y Campeche se encuentran en los últimos lugares a nivel nacional para tratar y eliminar aguas residuales. Asimismo, un reciente reportaje de Yana Mussa, publicado en “The New York Times” (21-5-19), documenta cómo la paradisiaca Laguna de los siete colores de Bacalar está siendo severamente afectada por el aumento del turismo. La basura, los desperdicios agrícolas y un sistema de alcantarillado y drenaje que no se da abasto, han provocado que los siete colores de la laguna estén desapareciendo, amén de enfermedades, malos olores y otros problemas para la población local.

Recordemos que el Tren Maya no viene solo, sino que su impacto se suma y acumula con otros megaproyectos turísticos, granjas de cerdos, desarrollos inmobiliarios y monocultivos que también están deforestando e impactando en el agua de la Península.

El hecho de que sea la UNAM la entidad que llevará al cabo los estudios de factibilidad —y no, en cambio, una consultora contratada a modo— es, en principio, una buena noticia. Estos estudios deberán contar con la activa participación de la población local y considerar los impactos acumulativos del Tren Maya junto con los provocados por otros megaproyectos turísticos, granjas porcícolas, desarrollos inmobiliarios y monocultivos. Una evaluación realizada a partir de los intereses y preocupaciones de las poblaciones locales y que dé prioridad a la integridad del ecosistema, y no responda únicamente a los intereses empresariales, podría evitar el “colapso ecológico”.

rodrigo.llanes.s@gmail.com

Investigador del Cephcis-UNAM

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