Miércoles , agosto 15 2018
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Guste o no, Mauricio será gobernador

Conservadurismo yucateco

Antonio Salgado Borge (*)

Si hoy fuera la elección de gobernador del Estado, el ganador sería Mauricio. La victoria de Mauricio representaría un triunfo del conservadurismo en su sentido más amplio; es decir, de la idea de que lo importante no es progresar sino mantener lo que tenemos. ¿Cómo no habría de ser este el caso, si Mauricio ha optado por ignorar o desestimar algunos de los más importantes problemas que padece nuestro estado?

A pesar de que el combate a la corrupción forma parte del discurso de campaña de Mauricio, es difícil de creer que cuando Mauricio sea gobernador este combate será distinto al que hemos visto durante los últimos seis años. Y es que cuando tuvo la oportunidad, durante su paso por los poderes Ejecutivo y Legislativo Mauricio nunca tomó la bandera anticorrupción. Además, durante esta campaña han surgido documentos que muestran que Mauricio o personas muy cercanas a Mauricio podrían estar implicadas en una red de complicidades —Mauricio haría bien en explicar mejor este caso, que implica documentos dados a conocer en prensa respetable—.

Tampoco hay motivo para suponer que Mauricio combatirá la impunidad. Al menos durante los últimos 11 años, el partido de Mauricio ha estado asociado en Yucatán con el partido de su rival más cercano en las encuestas. Mauricio, recordemos, ha construido su carrera dentro de este pacto. Es más, durante los últimos cinco años Mauricio no ha criticado o denunciado actos de corrupción del gobierno estatal presente. Dada su cercana relación con este gobierno, es poco probable que Mauricio señale y denuncie directamente cuando sea gobernador, requisitos indispensables para terminar con la impunidad.

A lo anterior hay que sumar que Mauricio se ha negado una y otra vez a anunciar anticipadamente su gabinete, situación que sólo puede deberse a que Mauricio prefiere no revelar la cara de su gobierno en campaña, sabedor de que algunos o muchos de los impresentables que hoy lo acompañan terminarán siendo parte de su equipo, o a que su gabinete será decidido por medio de cuates o cuotas. Este punto es clave: Mauricio podría convencer mostrando que más allá de partidos y de ideologías será acompañado de un gabinete conformado por yucatecas —al menos 50%— y yucatecos seleccionados únicamente por sus trayectorias y perfiles. Con su resistencia a hacerlo, Mauricio envía una mala señal: su gabinete será más de lo mismo.

También resulta desalentador que Mauricio no hubiera explicado el modelo de desarrollo que implementaría en el estado. Cuando se revisan sus propuestas, lo único que se puede encontrar es una serie de acciones específicas en materia de desarrollo económico; proyectos que, en caso de ganar, Mauricio pondría en marcha. Desde luego, Mauricio también tiene una lista de los “entregables” que repartirá a la población más vulnerable. La ausencia de sentido humano en el proyecto de desarrollo de Mauricio implica ya la perpetuación de un modelo que consiste en mantener la noción neoliberal de desarrollo; es decir, del modelo que ha caracterizado a los últimos gobiernos estatales y que tiene a nuestro país —y a parte del mundo— colapsado. La fórmula neoliberal yucateca: una combinación entre la atracción irrestricta de grandes inversiones privadas y una Secretaría de Desarrollo Social dedicada a capturar clientelas.

En defensa de Mauricio, es importante señalar que las inversiones son necesarias para el desarrollo y no son en sí mismas negativas. El problema es que, de no ser reguladas y encauzadas hacia el desarrollo de capacidades humanas o condiciones de justicia social, las grandes inversiones no sólo no se traducen necesariamente en desarrollo, sino que pueden generar el efecto contrario. Una muestra de los efectos de las prioridades que continuaría Mauricio puede encontrarse en el Índice de Desarrollo Democrático 2017, Yucatán ocupa el lugar siete en inversión, pero el 22 en desigualdad. Hablar de desigualdad es importante por dos motivos. El primero es porque se supone que el desarrollo económico debe estar al servicio del desarrollo humano y no al revés. El segundo es que, paradójicamente, la desigualdad atenta contra el desarrollo —económico y social— sostenible (IDD, 2017). Mauricio habla de inversiones y de “entregables”; su proyecto no está enfocado en atacar la desigualdad.

Cuando se leen las propuestas de Mauricio uno podría pensar que Mauricio es plenamente consciente  de la documentada degradación del medio ambiente al que lxs yucatecxs tenemos derecho; finalmente, Mauricio sí menciona en su proyecto la importancia de la sustentabilidad. Sin embargo, en el proyecto de Mauricio el lugar de propuestas serias en este rubro es tomado por generalidades o trivialidades. Así, Mauricio no planea revertir la contaminación del manto acuífero o generar un sistema de drenaje. Tampoco habla de los pesticidas y tóxicos que algunas empresas vierten el subsuelo o del derecho a acceso al agua de comunidades enteras que algunas empresas, como la cervecería, han puesto en riesgo. Tal parece que, en este sentido, Mauricio pateará el bote hacia delante e intentará conservar en la medida de lo posible; ya tocará a la “gente del futuro” lidiar con este desastre.

Otro problema estrechamente vinculado al desarrollo es la inseguridad. Como cualquiera con más de tres décadas en el estado puede corroborar, que Yucatán viva en la gloria en términos relativos no significa que nuestra seguridad no se hubiera venido deteriorando. Así, cada vez más yucatecxs dicen haber sufrido robo a casa habitación y Yucatán es uno de los estados con más grave problema de pandillas a nivel nacional (Envipe, 2017). Mauricio promete seguridad, pero su idea de seguridad consiste en una mezcla de policías y de equipo de videovigilancia —es decir, seguridad militarizada—. La policía es, desde luego, indispensable; pero por sí sola insuficiente. Mauricio no menciona la importancia de las causas profundas de la inseguridad, como la pobreza, la corrupción o la desigualdad en el ingreso. Otra vez, el proyecto de Mauricio pasa por mantener con alfileres, no por buscar un genuino progreso.

Por último, a pesar de que es uno de los problemas más graves que padecen lxs yucatecxs, Mauricio tampoco habla de las violaciones a derechos humanos en nuestro estado. De acuerdo con el IDD, Yucatán es el estado 22 en materia de derechos políticos (derechos humanos; de las personas; derechos de asociación y organización; autonomía personal y derechos económicos). Pareciera que para Mauricio este rubro no existe.

Por ejemplo, a pesar de que las denuncias por casos de tortura en Yucatán han sido documentadas, o bien Mauricio no conoce estas denuncias o no le importan. Esto no es todo; Mauricio tampoco ha hablado de la forma en que los derechos de yucatecxs, en su mayoría mayas y habitantes de comunidades rurales, han sido afectdxs por los megaproyectos —particularmente por los que tienen que ver con energías renovables— o por especuladores inmobiliarios. En nuestro estado, cientos o miles de personas no sólo no se benefician de estas inversiones o de los desarrollos de lujo, sino que ven deteriorada su calidad de vida, son despojadas con engaños de sus tierras o son privadas de su pleno derecho a la autodeterminación o a la consulta. Como compensación, a los machucados se les señalan las “bondades” de ser empleados o socios insignificantes de quienes les han despojado.

Otro asunto fundamental en materia de derechos humanos tiene que ver con la participación de las mujeres en la vida pública. Mauricio-candidato se ha dicho amigo incondicional de las yucatecas y menciona constantemente en su discurso la importancia de igualar sus oportunidades a las de los hombres. Sin embargo, por mucho que hable de su preocupación por las mujeres, Mauricio no ha querido proponer la acción afirmativa más concreta y más sencilla de todas: comprometerse a que durante todo su mandato al menos la mitad de las secretarías estarán encabezadas  por mujeres.

Digo que esta acción es sencilla porque se trata de una decisión que sólo depende de Mauricio y porque no tengo duda de que las yucatecas son tan o más capaces que los yucatecos de dirigir secretarías estatales. Cuando digo que se trata de una acción afirmativa es porque es un hecho que la participación de mujeres en puestos directivos empodera a otras mujeres y ayuda a romper el techo de cristal. Si Mauricio verdaderamente cree en la igualdad de capacidades entre mujeres y hombres, no tendría pretexto para tener un gabinete paritario. Finalmente, Mauricio parece temer a la diversidad —o a quienes temen a la diversidad—. Aunque se haya mostrado abierto a dialogar con la “Coalición LGBTTTI+ Yucatán”, Mauricio hasta hoy no ha aceptado firmar la agenda que esta coalición  ha elaborado.

Dado lo anterior, es fácil ver que Mauricio garantizaría continuidad; esto es, su gobierno no sería muy distinto al actual y estará guiado por la noción de conservar. A su vez, el conservadurismo de Mauricio asegura que nuestros problemas más graves no se irán a ninguna parte; por el contrario, éstos seguirán creciendo y deteriorando la calidad de vida de buena parte de los habitantes de nuestro estado. Como hasta ahora, quedará en manos de la sociedad civil yucateca la defensa de las principales causas asociadas con el progreso ético, humano y económico.

Guste o no, Mauricio será gobernador. El candidato de Morena al gobierno del Estado no tiene oportunidad de ganar y es tan conservador que, para efectos de este texto, bien podríamos llamarle Mauricio. Por postularlo, Morena Yucatán, un partido nominalmente de izquierda, merece ser castigado en la elección de gobernador. Ni qué decir del PRD; si bien su candidato ha sido el que mejor desempeño ha tenido en esta campaña, dar un voto al PRD Yucatán es contribuir a mantener una costosa e inútil franquicia. Si hoy fueran las elecciones, no votaría por ninguno de estos dos candidatos. Pero, claro está, tampoco votaría por Mauricio. Si hoy fueran las elecciones, anularía mi voto.— Edimburgo, Reino Unido.

asalgadoborge@gmail.com

@asalgadoborge

Candidato a doctor en Filosofía (Universidad de Edimburgo). Maestro en Filosofía (Universidad de Edimburgo) y maestro en Estudios Humanísticos (ITESM)

 

 

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