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Frank Fernández: El Cristo salvador de Moscú

Frank Fernández

Fuente: Diario de Yucatán

El año 1812 fue un año muy importante para el mundo. Fue en ese año que el noble pueblo ruso, al lado de su ejército dirigido por el General Kutúzov y, a la cabeza de todos, al zar Alejandro I, demostró al mundo que el ejército napoleónico no era invencible.

Tardó mucho Napoleón en darse cuenta de que no podía doblegar a esta gran nación y cobardemente huyó de un Moscú incendiado abandonando a su triste destino a los miles de soldados que ciegamente lo siguieron. Las grandes estepas rusas, un frío particularmente crudo ese año y las incesantes incursiones de los campesinos y soldados hicieron que el invasor francés pagara con su vida tamaña osadía.

El 25 de diciembre de ese año, Alejandro I manifestó que quería construir una iglesia en honor a todos aquellos que murieron en esta guerra. La iglesia estaría dedicada a Cristo Salvador por haber salvado a la tierra rusa de la invasión francesa.

En el manifiesto dice textualmente: “…expresar nuestra gratitud a la Providencia divina por salvar a Rusia del desastre que se cernía sobre ella”… Primero se hizo un diseño a cargo del arquitecto Witberg en un estilo neoclásico.

Los trabajos comenzaron en lo que en esa época eran las afueras de Moscú, en un lugar conocido como Colina de los Gorriones y donde ya había un monasterio de monjes ortodoxos. En 1837 los trabajos se paralizaron porque el subsuelo no era el más adecuado para la iglesia que se quería construir. A Alejandro I lo sucedió Nicolás I, quien pidió que se cambiara el proyecto inicial que no era de su agrado encargándole al famoso arquitecto peterburgués Konstantín Ton un nuevo proyecto, pero en un estilo neobizantino, inspirado en la iglesia entre todas las iglesias, Santa Sofía de Constantinopla.

Según los lineamientos de Nicolás I, la construcción duró 44 años a partir de 1839, año en que este zar colocó la primera piedra. Los trabajos terminaron y se consagró la iglesia en presencia de Alejandro III el 26 de mayo de 1883.

Todos los que llegaban a este magnífico edificio quedaban maravillados por las inmensas paredes de mármol blanco de las fachadas, las hermosas cúpulas en forma de cebolla típicas de la arquitectura rusa y que necesitaron 400 kg de oro para dorarlas. El interior era una inmensa profusión de granitos, mármoles y todo tipo de piedras de diferentes colores. El piso, todo de mármol y granito, recordaba un inmenso tapiz oriental y en las paredes había una gran diversidad de pinturas con escenas bíblicas, escena de las batallas en las que los rusos se enfrentaron a las tropas napoleónicas, retratos de príncipes rusos que en el pasado lucharon por su país y los nombres de todos los valientes que murieron durante esta guerra.

En  1917, con la llegada de los bolcheviques al poder, solo en la ciudad de Moscú se destruyeron 2,200 monumentos arquitectónicos, fundamentalmente religiosos. Miles fueron los monjes y monjas fusilados por los bolcheviques. Evidentemente, la iglesia de Cristo Redentor, la mayor de las iglesias ortodoxas del mundo, era el templo a destruir. Y su día llegó en el verano de 1931. La iglesia fue dinamitada hasta en sus cimientos por orden de Joseph Stalin. La excusa… baladí: -Me obstruye la vista de la ciudad.

En su lugar quería construir el rascacielos más grande del mundo, de 415 metros de altura, coronado con una estatua de Lenin apuntando con su índice derecho al horizonte. La estatua del fundador del gobierno soviético mediría ella sola 100 metros suplementarios. El índice derecho de Lenin mediría la bagatela de 6 metros. Una gran obra a la gloria de la Unión Soviética.

Se comenzaron los trabajos de movimiento de tierra que pronto se detuvieron por dos razones principales: la primera fue la misma que había dificultado la construcción del Cristo Redentor en sus inicios, ríos subterráneos tributarios del cercano río Moscova, y la segunda fue una nueva invasión de la tierra rusa, esta vez por las hordas nazis. Hitler no había entendido la lección que le había dejado Napoleón. A la muerte del asesino dictador georgiano, le reemplazó en el poder el ucraniano Nikita Krushchev, a quién poco le interesaba aquel edificio. De todas formas, considerando que en Moscú las nubes son bajas y grises durante casi siete meses al año, de aquella monumental estatua de Lenin solo se hubieran podido ver los pies. Sin embargo, algo sí se construyó en Moscú y modeló el horizonte de la ciudad. En el mismo estilo del Palacio de los Soviets que nunca se construyó salieron de tierra otros 7 proyectos, todos en el mismo horrible estilo art decó estalinista. Aún siguen en pie. Se les conoce como “Las Siete Hermanas”. Algunos de estos proyectos son la Universidad Lomonósov, el hotel Leningrado, el hotel Ucrania y el Ministerio de Exteriores.

Ya en  1965, el muchas veces galardonado Yuri Gagarin, primer astronauta del mundo y que fue el primer ser humano que salió a la estratósfera de nuestro planeta, se manifestaba sobre lo indebido de la destrucción de aquel gran monumento a la gloria del pueblo ruso. Krushchev decide construir en aquel inmenso lugar una gran piscina, la más grande del mundo, de 129 metros de diámetro, siempre dentro de la desmesura comunista. Esta piscina mantenía una temperatura constante de 27 °C hasta que el peso de la inestabilidad económica y de lo indebido de este régimen llevaron a su estrepitosa caída de la Unión Soviética, como todos podremos recordar.

En 1994, el clamor de que se construyera una nueva iglesia y el apoyo del presidente Boris Yeltsin y de Yuri Luzhkov, alcalde de Moscú, fueron propicios para la reconstrucción de una nueva iglesia del Cristo Redentor. El pliego de condiciones era claro: si bien se podrían utilizar técnicas y materiales contemporáneos de construcción, la iglesia tenía que ser lo más cercana posible a la que había destruido Stalin.

Gracias a algunos planos que aún quedaban, a las fotografías y a un gran estudio de investigación, se logró hacer esta nueva iglesia de Cristo Redentor, casi idéntica a la perdida. La nueva cuenta con todas las técnicas contemporáneas posibles: parqueo subterráneo, uso de la electrónica más moderna, rápidos elevadores y adecuada iluminación.

Hoy una vez más, como antaño, la iglesia del Cristo Redentor es la iglesia ortodoxa más grande del mundo y, una vez más, está adornada por una inmensa profusión de mármol blanco, granito rojo, gris, negro y todo tipo de piedras multicolores. También una vez más hay grandes cuadros murales que representan escenas de la biblia y la epopeya de 1812. La iglesia fue consagrada por segunda vez después de cinco años construcción el 19 de agosto de 2000 por el patriarca ruso Alexis II con motivo del día de la Transfiguración de Cristo. De los 300 millones de dólares que costó su reconstrucción, 200 los aportó el estado ruso y la diferencia con pequeñas o grandes donaciones de casi un millón de moscovitas que querían recuperar su antigua iglesia. En su calidad de lugar de culto ortodoxo, allí se celebraron los funerales de estado de Boris Yeltzin en 2007, como lo fueran los de Alejandro III en 1894.

Que lo entiendan los gobernantes que, en vez de promover el bien y las tradiciones de su pueblo y preservar su historia, se dedican a la destrucción. El pueblo siempre termina victorioso.

(*)Traductor, intérprete y  filólogo; correo electrónico altus@sureste.com

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