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Española y emperatriz

Frank Fernández

Varias han sido las reinas que España le ha dado a Francia. Importante fue Blanca de Castilla, y madre de Luis IX, más conocido como San Luis Rey de Francia, cuyo santoral celebramos cada 25 de agosto. Otra que fue muy importante para la historia de Francia no fue precisamente reina, sino emperatriz. Hablamos de María Eugenia de Montijo. Su nombre completo era María Eugenia Palafox Portocarrero y Kirkpatrich. Nació en la Calle de Gracia en Granada en 1826 de padre español y madre mitad americana mitad escocesa. El padre era Grande de España. Éste es un título que otorga el Rey a un noble en particular o a un título nobiliario, viene directamente por debajo del Príncipe de Asturias y los infantes de España. Su madre, María Manuela, fue una mujer de muy grandes pretensiones y quería buenos matrimonios para sus dos hijas: María Francisca y María Eugenia (Paca y Eugenia). A la primera la casó con el heredero al título de Duque de Alba y a la segunda con el que sería Emperador de los franceses. Hablamos de Luis Carlos Napoleón, hijo de Luis Napoleón, hermano de Napoleón Bonaparte, y de Hortensia de Beauharnais, hija de Josefina la esposa de Napoleón. Napoleón había quedado sin descendencia porque su único hijo reconocido, al que se le llamaba El Aguilucho, Napoleón Francisco, murió de tuberculosis en Viena a la edad de 21 años. Luis Carlos Bonaparte (el sobrino) fue proclamado presidente de Francia, y con un astuto autogolpe de estado, se proclamó emperador de los franceses de 1853 a 1870. Este periodo es lo que conoce como Segundo Imperio Francés. Tuvo el título de Napoleón III. Conoció a Eugenia cuando ella tenía 24 años, era una mujer extraordinariamente bella, elegante, culta, mundana y muy avispada en los salones de la alta sociedad francesa. Él ya era un hombre de 45 años y famoso por sus muchas aventuras amorosas.

Cuentan que en una ocasión estaban Luis Carlos Napoleón y Eugenia cada uno en un balcón del desaparecido Palacio de las Tullerías. Él la ve desde su balcón por la noche y le preguntó: – Señorita, ¿cómo puedo llegar a usted? y ella le respondió: -Señor, pasando por la capilla. Durante 3 años Eugenia resistió el asedio hasta que accedió a la solicitud de matrimonio. La boda civil se celebró el 29 de enero de 1853 y el 30 de agosto fue la boda en la catedral de Notre Dame de París, en una misa solemne de gran lujo y mucha pompa. La familia Bonaparte no estaba muy contenta con este matrimonio porque para Luis Carlos querían una princesa real, pero las casas reinantes de Europa no querían entregarle una hija a este señor considerado advenedizo y con una posición poco segura en su trono. Después de dos intentos fallidos, nació su primer y único hijo: Luis Bonaparte, heredero al trono de su padre.

María Eugenia fue gran defensora de la incursión de los franceses a México en apoyo de Maximiliano de Habsburgo y de Carlota, que era su amiga, aunque esa parte de la historia ya la conocemos bien los mexicanos. También influyó con fuerza contra las ideas de su marido, que era gran defensor de la unificación italiana con la creación del Reino de Italia. Eugenia, profundamente católica, consideraba que el surgimiento de este reino limitaba el poder del Papado.

Eugenia servía de regente cuando su marido se iba a la guerra. Lo mismo sucedió en 1870 cuando se declaró la guerra entre Francia y Prusia. Esta guerra la perdieron los franceses. De su tío, el gran Napoleón, Luis Carlos sólo conservaba el nombre, porque de él no tenía nada de su gran estrategia militar. En la batalla de Sedán se decidió la suerte de Francia a favor de los prusianos. Francia perdió los territorios de Alsacia y Lorena que fueron anexados al naciente Segundo Imperio Alemán. La familia imperial de Francia emigró a Inglaterra donde falleció Napoleón III en 1873 por trastornos respiratorios. Su hijo, Luis Bonaparte, se inscribió como voluntario en la guerra de Gran Bretaña contra los zulúes de África del Sur, donde falleció en una batalla contra éstos.

Eugenia, que había sido el centro de la moda, del refinamiento y del buen gusto de toda Europa, permaneció en Inglaterra y, a partir de ese momento, vistiendo de estricto luto. Visitaba con regularidad Madrid y se alojaba en el Palacio de Liria, propiedad de los Duques de Alba. El Duque de ese momento era su sobrino, hijo de Paca. También en la Riviera francesa se mandó a construir un palacete, dónde se instalaba bajo el discreto e imaginario título de Condesa de Pierrefonds. Pierrefonds era un castillo medieval que su marido había reconstruido para ofrecérselo como regalo. Cuando visitaba de incógnito París se alojaba en el Hotel Maurice, en la rue de Rivoli para, desde sus balcones, ver los jardines de Tullerías donde antaño estuviera el Palacio que fuera testigo del fasto de su época de emperatriz. Eugenia tenía 3 títulos de marquesa, 5 de condesa, 1 de vizcondesa, etc., etc. Murió en Madrid a la muy avanzada edad de 94 años. Sus restos fueron transportados a Inglaterra para descansar al lado de su esposo e hijo.

Ni en el dolor de la pérdida de su familia ni en el errar sin corona perdió prestancia Eugenia de Montijo, española y emperatriz.

Fuente: Diario de Yucatán

 

 

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