Lunes , noviembre 19 2018
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Es ahora o nunca…

Competencia por la gubernatura

Antonio Salgado Borge (*)

A diferencia de lo que ocurre con la elección presidencial y con la elección de alcalde de Mérida, el resultado de la competencia por la gubernatura de Yucatán no parece estar virtualmente definido. Este contexto de competencia cerrada permite entender las críticas que ha dirigido Mauricio Vila, candidato a la gubernatura del Estado por el PAN y MC, a Mauricio Sahuí, candidato de la alianza encabezada por el PRI. Este artículo estará dedicado exclusivamente a analizar las posibles explicaciones y repercusiones de esta estrategia.

Uno podría suponer que no tiene nada de extraordinario que Mauricio Vila critique directamente a Mauricio Sahuí. En un escenario democrático, lo ideal sería que las propuestas de los partidos y sus candidatos siempre vinieran acompañadas de críticas o revelaciones sustentadas que permitan a la ciudadanía conocer datos de las personas que compiten por cargos —información que de otra forma no hubiera llegado a sus manos—. En el caso de los candidatos postulados desde la oposición, las críticas también sirven para diferenciarse del partido en el poder y, al polarizar la disputa, suelen ser una condición necesaria —aunque insuficiente— para que el opositor empoderado pueda proceder de manera legal y legítima contra la corrupción de sus antecesores; es decir, para romper los pactos de impunidad.

Con base en lo anterior, considerando que Vila es un candidato postulado por dos partidos que nominalmente son oposición y que el PAN apenas ha gobernado el estado seis de los últimos 80 años, sus críticas directas a su rival podrían ser consideradas por algunos como normales o poco sorpresivas. Sin embargo, hay al menos dos factores que permiten afirmar que una lectura de esta especie estaría descontextualizada.

(1) El primero tiene que ver con la dinámica de las dos más recientes campañas del PAN a la gubernatura de Yucatán. Recordemos que desde la campaña de Patricio Patrón en 2001, ningún candidato del PAN al gobierno del Estado ha sido combativo o incisivo en sus críticas al gobierno en turno o a su candidato. En 2007 Xavier Abreu no tenía que serlo, pues en su momento era el candidato de la continuidad —matizada por una campaña llena de arrogancia—. En 2012, Joaquín Díaz Mena y el PAN nunca quisieron intentarlo; si acaso, algunas débiles críticas fueron dirigidas entonces hacia los gobiernos de Ivonne Ortega o Angélica Araujo, pero Díaz Mena nunca confrontó directamente, con la fuerza que las evidencias permitían, a la ex gobernadora ni se buscó cuestionar directamente al candidato Rolando Zapata.

(2) La calidad del reciente desempeño del PAN como oposición. Para ser claro, durante el quinquenio de Ivonne Ortega y en el sexenio de Zapata Bello, el PAN como partido de oposición en Yucatán no ha existido. Así, los panistas en el Congreso del Estado no han tenido empacho en avalar nombramientos impresentables, como el de Mario Can como auditor o como el de José Enrique Goff como vicefiscal anticorrupción, y se alinearon con el PRI en algunas de las votaciones más importantes; decisiones que una oposición medianamente responsable jamás hubiera tomado. La lista de agravios es larga, pero la idea central es que durante seis años el PAN jamás ha incomodado al gobernador Rolando Zapata, cuyo sexenio, ante la falta de cuestionamientos serios caminó en piloto automático.

(3) El tercer factor que me lleva a afirmar que es extraordinario que Vila critique directamente a Sahuí tiene que ver con la trayectoria del candidato frentista. En este mismo espacio, Vila ha sido criticado porque ni en su paso por el Congreso del Estado, ni en su campaña para ser presidente municipal ni en su gestión como alcalde, el hoy ex alcalde se mostró combativo o como un liderazgo moral dentro de un partido de oposición. Para ser claro, Vila ha surgido, se ha formado y ha prosperado siguiendo del molde panista de tiempos recientes.

Pero claramente algo cambió durante las últimas semanas. La versión de sí que Mauricio Vila ha mostrado desde el primer debate entre candidatos a gobernador organizado por el Iepac es inédita —y positiva—. En aquel espacio Vila sorprendió cuando con ayuda de unas líneas incluidas en el libro atribuido a Ivonne Ortega pretendió mostrar que la ex gobernadora fue jefa del priista y, sobre todo, implicar que lo sigue siendo. Vila también atribuyó a Sahuí la propiedad de un enorme terreno y de equipo supuestamente instalado en el mismo —Sahuí ha negado esto último y ha dicho que tiene un terreno, pero no el señalado por Vila—. Lo importante para efectos de este análisis es que el panista parece cómodo en su nueva versión combativa y que, a partir de entonces, su campaña no ha quitado el dedo del renglón.

Si el PAN en Yucatán ha sido todo menos oposición y si la trayectoria de Vila Dosal se ha caracterizado por no confrontar y, por ende, por no cuestionar o criticar directamente al PRI, la pregunta obligada es: ¿qué ha motivado este cambio? La primera posibilidad es (a) que dentro de la campaña del panista se sepa que su posición real en las encuestas es la de segundo lugar, pero que la distancia sea lo suficientemente corta como para aspirar a rebasar al primero. Recordemos que suele ser la estrategia del segundo lugar torpedear al puntero en las encuestas y la del puntero ignorar los ataques del segundo y de los que le sigan. Este escenario también explicaría la pasividad de Mauricio Sahuí y de la campaña priista ante los ataques recibidos.

Sin embargo, también es posible que (b) Vila se encuentre arriba en las encuestas, pero con una ventaja mínima. En este escenario de competencia, la “operación electoral” del PRI —un eufemismo que, en todos los casos y en todos los partidos, significa acarreo masivo— podría terminar haciendo que el resultado electoral discrepe de la putativa posición del panista en las encuestas. Un tercer escenario es (c) que Mauricio Vila sepa que va arriba en las encuestas, pero que desee arrasar empujando al candidato del PRI lo más abajo que se pueda. Esta opción tiene más sentido si se considera que es virtualmente imposible que el PRI gane la alcaldía de Mérida o la elección presidencial, por lo que el candidato a gobernador priista parece obligado a navegar encapsulado y a resistir las fuerzas que, desde abajo y desde arriba, empujan el voto hacia otros partidos. Si bien (c) es una posibilidad en el espacio lógico de posibilidades, me parece que su materialización es más improbable que la de (a) o (b), pues el control del PRI en el interior del estado y la candidatura de Díaz Mena por Morena parecen imponer topes que difícilmente podrán destruir la campaña frentista.

Consideremos un último escenario: (d) un rompimiento severo y pronunciado de Vila y su equipo con el PRI y el gobierno del Estado. Aunque ésta sería la opción más saludable para nuestra democracia, me parece que es la más improbable de todas las opciones aquí consideradas. En primer lugar, porque las baterías, al menos por ahora, están enfocadas exclusivamente contra Mauricio Sahuí; cuando se habla de la gestión de Rolando Zapata suele ser para alabarlo. En este sentido, la campaña de Vila puede volcarse sobre el candidato priista, pero ello no implicaría que, en caso de llegar a gobernador, Vila rompería con sus antecesores y perseguiría actos de corrupción de gobiernos anteriores. Es decir, tal como muestra su discurso, la estrategia de Vila no sólo no implica un rompimiento, sino que podría incluso estar diseñada para buscar un eventual acercamiento con el gobernador durante o después de la campaña.

Una vez virtualmente descartadas la ruptura y una ventaja amplia del primero sobre el segundo lugar, nos quedan sólo las opciones que implican que, independientemente de lo que digan las encuestas mostradas por un lado o por el otro, estamos ante una elección sumamente competida.

El reto para Mauricio Sahuí es complejo, pues en el marco de una elección presidencial decididas por el voto antisistema responder directamente los ataques contribuiría a polarizar la elección y dar a Vila y al PAN una bandera de oposición que hasta hace unas semanas éstos no habrían soñado con ondear. Pero permanecer inmóvil tampoco parece ser una estrategia recomendable, pues con ello Sahuí estaría renunciando a construir una imagen independiente —del PRI, de Zapata y de Ortega— y explotar sus cualidades, algo que sí han sabido hacer quienes dirigen la campaña de Mauricio Vila.

En este escenario, la estrategia combativa de Vila parece sensata, pero el reto para el panista tampoco es menor. Para ganar, Vila tendría que atreverse a romper con el molde del que ha surgido y convertirse en un candidato antisistema; es decir, hacer lo que a nivel federal no ha podido o no ha querido hacer Ricardo Anaya. Pero este sería apenas el primer  paso.  En el camino, Vila tendría mostrar una ruptura real con el PRI y el gobierno de Estado, y con aquellos panistas que durante las últimas décadas por fanatismo o por interés han aceptado ser partícipes de una oposición simulada.

Para Mauricio Sahuí y para Mauricio Vila, el momento político es ahora o nunca. En un escenario tan cerrado, ganaría el candidato que, además de convencer con sus propuestas y con sus gabinetes anticipados, sea capaz de conectar mejor en el plano personal al mostrarse más independiente, auténtico, crítico y alejado de cualquier tipo de acartonamiento. Si bien es complicado pensar que esta elección transformará sustancialmente las reglas no escritas de nuestro sistema de partidos, de la genuina competencia los yucatecos sólo podemos salir ganando.— Edimburgo, Reino Unido.

asalgadoborge@gmail.com

@asalgadoborge

Candidato a doctor en Filosofía (Universidad de Edimburgo). Maestro en Filosofía (Universidad de Edimburgo) y maestro en Estudios Humanísticos (ITESM)

Fuente: Diario de Yucatán

 

 

 

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