miércoles , abril 14 2021
Portada / La Opinión / El nacimiento de Venus

El nacimiento de Venus

Por:  Franck Fernández Estrada(*) 

Fuente: Diario de Yucatán

Contamos con la fotografía desde hace unos 150 años. El cine nos llegó después, pero ambas herramientas nos han servido para plasmar cómo era la vida en épocas anteriores. Al comienzo, los personajes que posaban para fotografías estaban fijos, como si fueran estatuas, hieráticos. La fotografía nos permitió conocer bellos rostros del pasado. Una mujer que pretendía ser particularmente bella era la condesa de Castiglione, que gastó casi toda su fortuna en sesiones de fotografía para plasmar su belleza para la posteridad. Después, el cine nos permitió dejar para las siguientes generaciones rostros tan bellos como el de Grace Kelly, Hedy Lamarr, María Félix o Danielle Darrieux.

Pero antes de que se inventaran la fotografía y el cine, teníamos que lo plasmaban los pintores retratistas. Dicen que cuando vio en persona a la Princesa de Cleves, la cuarta esposa de Enrique VIII, éste la despreció porque alegaba que en nada se parecía al retrato pintado que le habían traído de ella. Les cuento todo esto para hablarles de una muy hermosa mujer que vivió en un momento particularmente importante y no solo para la historia, sino también para el arte: Simonetta Vespucci. Simonetta nació con el apellido de Cattaneo en Génova, de cuando Italia estaba dividida en múltiples estados independientes. Nació en Porto Venere, Puerto Venus, que quizá la predestinó a ser un émulo de la diosa de la belleza y la pureza.

A los 16 años la casaron con Marco Vespucci, de la misma edad, de una familia acaudalada de Florencia. De esta familia procedió más tarde Américo Vespucci que le dio su nombre al continente americano. Pues bien, a Florencia llegó la joven Simonetta. En ese momento, Florencia era un verdadero crisol revolucionario de las artes con el movimiento Renacentista, que trastocaba todas las artes y el pensamiento humano. Hombres y mujeres de la ciudad quedaron sorprendidos por la belleza de Simonetta. En aquella época, a pesar de ser una República, Florencia era gobernada de facto por la familia Médici y los hermanos Lorenzo y Juliano de esa familia no fueron la excepción en cuanto a admiración a la bella Simonetta.

En aquellos días hubo una alianza de la República florentina con el Ducado de Milán y la República de Venecia. Esta alianza fue celebrada con importantes festividades, entre ellas una justa de caballeros a caballo con sus lanzas, como vemos en las películas de época. Juliano Médici le pidió a un pintor muy conocido de la ciudad y protegido de su familia, Sandro Botticelli, que en su escudo dibujara el rostro de la bella Simonetta engalanada como Palas Atenea. Juliano ganó el torneo y el triunfo se lo dedicó a Simonetta, a la que llamaban “La Sans Pareil” (La Sin Igual).

Nunca se sabrá si Lorenzo se tuvo que conformar con una contemplación pasiva o llegó a conquistar a Simonetta, al menos por una noche. Sin embargo, un personaje del que acabo de hablar, Sandro Botticelli, pintor de profesión y vecino de la casa de los Vespucci se veía en la situación de adorar de lejos a la bella Simonetta quizás sin siquiera poder dirigirle la palabra considerando el enorme abismo social que había entre ambos. Sandro Botticelli se dedicó a tomar su rostro como modelo de perfección para cuanto rostro femenino tuviera que pintar. Es necesario señalar que Simonetta no solo fue modelo para Sandro Botticelli, sino para otros grandes pintores de la época como Ghirlandaio y Piero di Cosimo.

Decididamente Sandro se enamoró de esta mujer, perdidamente. Llorada por toda Florencia, Simonetta falleció a la edad de 23 años debido a una tuberculosis el 26 de abril de 1476. También un 26 abril, pero dos años más tarde, sería asesinado su pretendido amante Lorenzo Médici durante una misa celebrada en la catedral de Santa Maria del Fiore cuya cúpula aún estaba por terminar. El asesinato de Lorenzo se produjo en el momento preciso de la eucaristía por otra familia florentina que pretendía hacerse con el poder que tenían los Médici.

Sandro Botticelli sobrevivió a su amada Simonetta 46 años. Nunca se le conoció mujer, nunca se casó. Dedicó su vida a pintar una y otra vez aquel rostro, modelo de belleza ideal del momento, de labios perfectos que nunca pudo besar. Sandro Botticelli murió a la edad de 78 años. No obstante, en su testamento pidió ser enterrado en la iglesia de Ognissanti (de Todos los Santos) en Florencia, a los pies de la tumba de aquella a la que había amado durante toda su vida.

Sandro Botticelli pintó múltiples cuadros. No obstante, hay dos que, por su importancia, sobresalen sobre los demás. Uno de ellos es “La Primavera” y el otro es “El Nacimiento de Venus”. Ambos se encuentran hoy  día en el Museo degli Uffizi en Florencia. Detengámonos un poco sobre “El Nacimiento de Venus”.

Para comenzar, su nombre no es muy apropiado. No representa precisamente el momento en que nace la famosa diosa. Si nos remitimos a lo que dice la mitología, Saturno desgarró con una guadaña los testículos de su padre Urano y los tiró al mar. Al unirse los testigos de Urano con la espuma del mar es concebida Venus. Después llega efectivamente sobre una concha marina a las costas de Chipre. De hecho, es a comienzos del siglo XIX que se le da este nombre cuando se instaló el cuadro en su nueva casa, el Museo degli Uffizi. “El Nacimiento de Venus” es un cuadro bastante grande: 1.80 metros de alto por 2.75 metros de ancho. Fue uno de los primeros cuadros que se pintó sobre lienzo. Antes, los cuadros, tanto más los de este tamaño, eran pintados sobre paneles de álamo.

Es uno de los primeros cuadros inspirados en temas de la mitología grecorromana rompiendo con la tradición que hasta ese momento hacía que la inspiración fuera casi totalmente cristiana. También fue uno de los primeros cuadros en representar la desnudez femenina. Es cierto que ya en la escultura y pintura de la antigüedad veíamos desnudos femeninos, pero esto era algo poco visto para los años 1400. Debemos señalar que ya se había presentado un desnudo años antes en Florencia, pero en escultura, siendo la representación a tamaño natural del joven David que acaba de cortarle la cabeza a Goliat. Es el famoso David de Donatello que se puede contemplar hoy en el Museo Bargello, también en Florencia. Se presume que es el cuerpo del joven David adolescente, aunque en realidad es un cuerpo bastante andrógeno, más parecido al de una chica que al de un jovencito.

Pero no nos equivoquemos, por muy desnuda que pretenda estar la representación del cuerpo de Venus con el rostro de Simonetta, el personaje cubre con su brazo derecho su seno derecho, dejando a la vista de todos los espectadores el izquierdo. Con su mano izquierda y su larga cabellera rubio-dorada logra cubrir su parte más pudenda. A la izquierda del cuadro vemos representados dos personajes que soplan sobre la concha para con su aliento llevarla hasta la costa chipriota. Es la representación de Céfiro y de Cloris, su esposa, diosa de las flores y que le lanza hermosas rosas a la recién nacida diosa.

A la derecha del cuadro, sobre tierra firme, vemos a una de las Horas. Las Horas son las diosas que representaban la naturaleza, el orden y las estaciones. Este personaje espera en la orilla a Venus con un gran manto rojo estampado también con flores para cubrir la desnudez de la hermosa Venus. La Hora a su vez está vestida con un precioso vestido blanco con flores azules de aciano batido por el viento que produce Céfiro con su soplo. El mar se ve ligeramente agitado siempre por el soplo de Céfiro y a lo lejos vemos la costa chipriota.

Aparentemente el cuadro de “El Nacimiento de Venus” fue realizado a solicitud de algunos de los Médici para adornar alguna de sus villas a las afueras de la ciudad. Esto lo habría salvado de las hogueras de las vanidades que proliferaron en la Florencia de Savonarola. Los historiadores incluso llegan a acusar a Botticelli de ser uno de los seguidores de Savonarola porque al menos uno de sus cuadros vino a terminar en el fuego purificador de las hogueras por propia decisión del desdichado pintor.

El amor se puede manifestar de muchas formas, sobre todo, cuando es un amor que se vive en silencio, cuando es un amor desdichado y del que no se puede hablar con nadie. Sandro Botticelli plasmó su amor imposible representando una y otra vez, hasta la saciedad, el rostro hermoso de su amada Simonetta Vespucci.

(*) Traductor, intérprete y  filólogo; correo electrónico:  altus@sureste.com

Deja un comentario

Ver también

El origen de la Iglesia Anglicana

Franck Fernández(*)  Fuente: Diario de Yucatán Cuando en 1517 Martín Lutero clavaba en la Iglesia …

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

A %d blogueros les gusta esto: