viernes , febrero 28 2020
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El molde de los demócratas

¿Quién enfrentará a Donald Trump?

Antonio Salgado Borge (*)

Fuente: Diario de Yucatán

A pesar de los sueños reaccionarios de algunos y de los discursos políticos convenencieros de otros, Yucatán no es una isla.

En ocasiones, los eventos que suceden en otros lugares necesariamente impactarán en esta parte del mundo. Dada la gran cantidad y cualidad de ciudadanas y ciudadanos estadounidenses residiendo en nuestro estado, y considerando los vínculos e influencia de esa potencia en nuestra vida económica y política, el resultado de la elección presidencial de este año en Estados Unidos será uno de estos eventos.

Dos noticias provenientes de nuestro vecino del norte ocuparon las primeras planas alrededor del mundo recientemente: la “absolución” de Donald Trump por parte del Senado estadounidense y el inicio formal del proceso mediante el cual el Partido Demócrata elegirá al individuo que postulará como su candidata o candidato a la presidencia. Este artículo estará dedicado al segundo de estos asuntos, y distinguirá entre el aspecto formal y el sustancial de esta competencia.

Lo formal

(1) El primer aspecto a analizar es el formal. El proceso de elección interna del Partido Demócrata involucrará una serie de “caucus”; reuniones donde los miembros de ese partido registrarán su preferencia por alguno de los candidatos o alguna de las candidatas en competencia. Estas reuniones ocurren en distintos puntos preestablecidos en cada estado, donde se ha instalado todo lo necesario para el registro de los votos. El resultado global de todos los estados terminará determinando quién será la persona seleccionada. En este sentido, el proceso puede parecer similar a lo que ocurre el día de una jornada electoral en México.

Pero hasta ahí las similitudes. Pasemos a las diferencias.

(a) Cada estado tiene agendada una fecha para su “caucus”, y ese día se llevan a cabo la reunión en esa localidad. Por ejemplo, la semana pasada se celebró el “caucus” de Iowa, y la próxima semana se llevará a cabo el de Nuevo Hampshire. El proceso es, por ende, largo y emocionante, pues hay margen para que alguna candidata o candidato remonte. Y también para que se desplome.

(b) Para alguien que ha nacido en Yucatán o en otra parte de México, la logística de la jornada electoral puede resultar, por decir lo menos, sorprendente. Las personas que acuden a elegir no pueden llegar a la hora que gusten: todas tienen que estar reunidas en los puntos seleccionados a la misma hora. Las personas votan, literalmente, con los pies. Para elegir al candidato o candidata por quien se desea votar, uno tiene que pararse en el lugar del cuarto asignado para quienes desean nominar a ese individuo. Esto significa que el voto no es secreto, y que se forman varios grupos en el mismo cuarto separados por unos pocos metros.

Esto no es todo. El proceso inicia con una primera “ronda” que sirve básicamente como sondeo para conocer la fuerza de cada candidato y candidata. Una vez que los grupos se han conformado, para todo el cuarto es claro qué persona tiene apoyos y quién no tiene posibilidad alguna dentro de esa sede. Inmediatamente después, se produce una pausa que antecede a una segunda ronda. En ese momento, miembros de un grupo o representantes de cada candidato o candidata se pueden acercar a miembros de otro grupo para convencerles de moverse hacia otro.

Finalmente, lo que sigue a la votación definitiva es similar a lo que ocurre en la elección presidencial estadounidense: con base en los votos en cada sede y en los votos en distintas zonas del estado, a cada candidato o candidata se le asigna un número de delegadas o delegados estatales que, a su vez, determinan un número de delegadas o delegados federales que, a su vez, emiten los votos definitivos por una de las personas candidatas. Quien logre 1990 delegados nacionales, será la persona elegida. Complejo, definitivamente.

La sustancial

(2) El segundo aspecto a subrayar tiene que ver con la competencia misma. Los primeros “caucus” son seguidos con especial interés. Este es el caso porque sus resultados contribuyen a establecer tendencias, reforzando así la idea de qué candidatas o candidatos tienen más oportunidades de ganar la contienda. Por ejemplo, si una candidata o candidato toma “momentum” en la parte inicial de la carrera, esto puede generar un efecto dominó que termine por inclinar la balanza a su favor en estados donde no se consideraba inicialmente competitiva o competitivo.

En este sentido, el “caucus” de Iowa, el primero de todos, es considerado particularmente importante. A ello hay que sumar que adicionalmente, con base en registros históricos, se considera que la persona que obtiene más delegadas y delegados en este caucus tiene amplio chance de resultar nominada. Este año el proceso en Iowa fue polémico, pues hubo errores en el cómputo y la contienda es tan pareja que probablemente se tengan que contar nuevamente los registros.

Con 99% de los votos computados, en Iowa hubo un empate técnico entre el senador Bernie Sanders y el alcalde Pete Buttigieg: el primero obtuvo 26.1% de los votos; el segundo, 26.2%. Atrás quedaron Elizabeth Warren (18%) y Joe Biden (15.8%). En términos de delegadas y delegados nacionales, esto significa que Buttigieg cuenta hoy con 13, Sanders con 12, Warren con 8 y Biden con 6.

A ello hay que sumar que la última encuesta levantada en Nuevo Hampshire —el siguiente “caucus”— muestra que Sanders obtendría 24% de los votos, Buttigieg 20%, Biden 17% y Warren 13% (“NY Times”, 6/02/2020). De nuevo, se requieren 1990 delegados nacionales para obtener la nominación; pero Iowa ha establecido la primera tendencia y Nuevo Hampshire podría confirmarla en los próximos días.

En un sentido, esta tendencia es esperable. Existen dos grandes facciones dentro del Partido Demócrata: la de los moderados y la de los progresistas. No es de extrañar, por ende, que un centrista declarado que busca tender puentes con los republicanos y con los simpatizantes de Donald Trump, esté peleando la cima contra un socialista abierto que pretende una transformación estructural que genere el bienestar necesario para desaparecer las condiciones que dieron origen a la presidencia de Trump.

Pero en otro sentido, esta tendencia es inesperada. Hasta hace unos meses las encuestas indicaban que el preferido de los centristas sería Joe Biden y que la preferida de los progresistas sería Elizabeth Warren. Lo sorprendente es que, al menos por ahora, la persona centrista a la cabeza sea Buttigieg y no Biden, y que la persona socialista sea Sanders y no Warren.

La fuerza entre los centristas del acalde de South Bend (Indiana) es en parte producto de la pobre campaña de Joe Biden. Que Pete Buttigieg pueda arrebatar esta estafeta es, en términos generales, positivo para los demócratas. Mientras que Biden promete regresar al pasado, el alcalde Pete es un millenial. Además, Buttigieg puede apelar también a obtener triunfos en zonas republicanas o en zonas clave donde Sanders o Warren se enfrentan a resistencias, como en Pensilvania, donde las políticas ambientalistas de los progresistas no son bien recibidas por trabajadores de industrias como el “fracking”. Que un hombre gay, casado y demócrata como el alcalde Pete haya logrado crecer políticamente en un estado profundamente conservador como Indiana lo hace ser un reemplazo natural en caso de que Biden no logre tomar un segundo aire.

Por otra parte, el resurgimiento de Bernie Sanders en los dos primeros “caucus” se explica en parte porque su mensaje progresista ha sido mejor transmitido que el de Elizabeth Warren. Además, Sanders ha estado recabando muchos más donativos que sus rivales. Bernie es, por mucho, el candidato que más proporción de donaciones individuales y menos donaciones de corporaciones recibe. Su campaña ha logrado convencer a las personas más jóvenes. Para muchos progresistas, el sueño es ver a Sanders como presidente y a Warren como vicepresidenta; pero, debido a la mayor popularidad y trayectoria de Bernie, lo inverso se antoja más complicado. En cualquier caso, la nominación de Bernie Sanders o a Elizabeth Warren tendría como gran ventaja electoral su potencial de llevar a las urnas a los más jóvenes y educados.

En los próximos días veremos las tendencias consolidarse o cambiar. Lo cierto es que lo que resulte del proceso interno del Partido Demócrata moldeará la cara de la sociedad y de la economía estadounidense. Y con ella, guste o no, la de Yucatán y muchos otros lugares del mundo.— Edimburgo, Reino Unido

asalgadoborge@gmail.com

@asalgadoborge

Antonio Salgado Borge

Candidato a doctor en Filosofía (Universidad de Edimburgo). Maestro en Filosofía (Universidad de Edimburgo) y maestro en Estudios Humanísticos (Itesm)

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