jueves , agosto 6 2020
Portada / La Opinión / El Lago de los Cisnes

El Lago de los Cisnes

Franck Fernández (*)

Fuente: Diario de Yucatán

A cada cual lo suyo, y lo mío decididamente es la cultura, el arte y la historia. Por lo que se puede entender que el día que tuve la posibilidad de visitar el Teatro Mariinski de Ópera y Ballet en San Petersburgo fue como visitar la Meca, el Sanctasanctórum. También tuve la oportunidad de disfrutar allí de más de un espectáculo. Regalo supremo. Y es que en este teatro se inauguraron casi todos los grandes ballets que hoy constituyen el repertorio de las grandes compañías de este arte. Sin embargo, este ballet, con certeza el más conocido de todos, no nació precisamente en el Mariinski, sino en el Teatro Bolshoi de Moscú. Pero, como en todos los cuentos de hadas, este ballet tiene una historia singular, así que empecemos. Érase una vez…

En marzo de 1877, el Teatro Imperial Bolshoi le había encargado al compositor ruso Piotr Ilich Chaikovski la música para un ballet que se llamaría El Lago de los Cisnes. Cinco años antes, él ya había compuesto algunas pequeñas melodías para que la interpretaran sus sobrinos y sus amiguitos en la granja familiar. Hay que decir que, para la sociedad rusa, tanto entonces como hoy, el ballet se considera un arte mayor. Según confesó Chaikovski en carta que le escribiera a un amigo, aceptó el contrato porque necesitaba dinero (le pagaban 5000 rublos, una real fortuna en aquella época) y porque él siempre había querido incursionar en este tipo de música.

Hasta ese momento, el gran compositor ruso casi menospreciaba la música compuesta para ballets. Entonces se consideraba que se le tenía que dar prioridad a la danza de los bailarines en escena y que la música no debía distraer los sentidos del espectador. Agradable fue la sorpresa de Chaikovski cuando, al estudiar la partitura de los ballets que precedieron su proyecto, entendió la cantidad de melodías sugerentes y hermosas que se habían utilizado. Por otra parte, Chaikovski fue el primer compositor sinfónico en escribir música para ballet. Sin embargo, el coreógrafo del Bolshoi en estos momentos era alguien que no entendía el trabajo que había realizado el gran compositor y rechazaba unas tras otras las melodías que proponía el músico. Para colmo de males, este era un coreógrafo mediocre que produjo una obra de mala calidad. Si bien la música era maravillosa, la presentación de El Lago de los Cisnes en marzo de 1877 fue un gran fiasco. La crítica fue dura y, a pesar de que tuvo 41 presentaciones más, prácticamente quedó en el olvido. Años más tarde, Chaikovski con gran éxito escribiría la música para los ballets La Bella Durmiente y Cascanueces, demostrando las capacidades que tenía para este género. Chaikovski murió en 1893 a consecuencia de una pandemia de cólera que azotaba Rusia. Pocos meses más tarde, los admiradores del compositor quisieron hacerle un tributo en el Teatro Mariinski. Para la ocasión, el coreógrafo titular de este teatro, el francés Marius Petipa y su colaborador, el ruso Lev Ivanov, decidieron hacer una nueva coreografía para el segundo acto de los cuatro en los que está dividida esta obra. El éxito fue extraordinario, ya Chaikovski no estaba presente para ser testigo de tamaño logro.

El triunfo fue tal, que inmediatamente la dirección del Teatro Imperial Mariinski solicitó que se hiciera una nueva producción retrabajando completamente la obra que se había presentado casi 20 años antes en Moscú. Como ya Chaikovski no estaba para hacer algunos cambios necesarios, fue su hermano Modesto el que se encargó de esta tarea. Finalmente, la obra se inauguró tal y como nosotros la conocemos hasta hoy el 15 de enero de 1895. Desde entonces, a pesar de que el argumento es básicamente el mismo, diferentes coreógrafos o compañías de ballet del mundo han aportado ciertas modificaciones. Algunos en el comienzo, otros en el final y otros en el orden de las diferentes piezas musicales.

Grosso modo, el argumento es el siguiente. Desde siempre ha existido en diversas culturas la leyenda de la mujer pájaro o de la doncella que se viste con plumas de pájaro. Se cree que la inspiración del ballet fue una vieja leyenda alemana llevada a la literatura bajo el nombre del Velo Robado. Una princesa es maldecida por un brujo convirtiéndola en cisne, a ella y a todas sus damas de compañía. El hechizo solo se romperá el día en que un hombre le jure amor sincero. Años más tarde, en un reino cercano, el príncipe Sigfrido festejaba sus 21 años y con ellos la mayoría de edad. Entre los regalos que recibe hay una ballesta para cazar y su madre, la reina, ha organizado una gran recepción en palacio con princesas de reinos de los cuatro puntos cardinales para que entre ellas escoja Sigfrido una esposa.

Antes de tan importante fiesta, desde el patio del palacio, el príncipe ve una parvada de cisnes que cruza los cielos y con su ballesta nueva corre tras ellos para darle caza. Sin darse cuenta, llega a un lago donde los cisnes, al tocar tierra, se convierten en preciosas mujeres y aquel que parecía ser el cabecilla, se convierte en una hermosa princesa, Odette. Ella le explica que ha sido embrujada por el maléfico brujo von Rothbart y le explica cómo se puede romper el maleficio. Ante tan hermosa mujer y tan trágico destino, queda de inmediato prendado de ella el príncipe. Viendo el brujo cómo se debilitaba su maleficio, se presenta para interrumpir la escena. De inmediato, Sigfrido lo quiere matar. Odette se lo impide diciéndole que, si él muere antes de que se haya roto el maleficio, ella y sus damas de honor quedarán convertidas en cisnes para siempre.

Se separan con la promesa de encontrarse la noche siguiente. Mientras tanto, en palacio se desarrolla el gran evento de selección de princesas. Sigfrido no quiere saber de ninguna de ellas. Ya él sabe con quién se quiere casar. Pero Rothbart se presenta en la fiesta trayendo a su hija Odile con la apariencia de Odette. En algunas compañías de ballet, son dos bailarinas diferentes las que interpretan los dos personajes, lo que se llama el cisne blanco, Odette, y el cisne negro, Odile. Otras optan porque sea la misma bailarina la que interprete las dos roles. Esta es una tarea difícil para una bailarina, en la medida en que los movimientos del cisne blanco son suaves, tiernos, lánguidos, románticos, mientras que los movimientos del cisne negro, que representa la maléfica hija del brujo, son bruscos, agresivos, malvados. Sigfrido no se da cuenta del engaño y le anuncia a su madre que es con esa princesa con la que él se quiere casar. Rothbart le hace jurar que es con Odile con quién él se quiere casar. Al prometerlo, se descubre el engaño y Odile se burla por el daño que han causado.

Corriendo va el príncipe al lago al encuentro de su cisne blanco, Odette. Es en este desenlace que se produce una de las grandes diferencias entre las distintas producciones. Originalmente, Rothbart logra convertir definitivamente a Odette en cisne y se la lleva por los aires, dejando en la mayor desesperanza a Sigfrido. En otras versiones, los dos enamorados mueren juntos dentro del más puro estilo del romanticismo. En otras hay un happy end al vencer Sigfrido en singular duelo al brujo. Odette y Sigfrido se casan  y son felices.

En la presentación del año 1895 en San Petersburgo, la bailarina que interpretó el papel de Odette-Odile fue la italiana Peirina Legnani que ya ella había triunfado en la presentación de La Bella Durmiente improvisando algo muy importante en la técnica del ballet y que hoy en día es la vara con la que se mide el tecnicismo de una bailarina. Se trata de los famosos 32 fouttés. Un foutté es una técnica en la que la bailarina se mantiene en punta en una sola pierna girando sobre su propio eje impulsada por la fuerza de su movimiento. Nunca nadie había logrado tan maravillosa hazaña guardando la italiana preciosamente el secreto de la técnica de tan osado movimiento. Solo años más tarde, la también primera bailarina del Teatro Imperial Mariinsky, Matilda Kschessínskaya, logró descifrar el secreto de la italiana. Desde ese día, muchas otras bailarinas lo han repetido. El Lago de los Cisnes es una obra mayor del ballet mundial, siendo interpretado por las más grandes bailarinas de todo el mundo desde esa noche de su éxito en San Petersburgo en 1895.

No importa si usted es amante del ballet o no, no importa si usted es amante de la música clásica o no. El Lago de los Cisnes, al igual que el embrujo de la princesa-cisne, lo embrujará a usted por su belleza de comienzo a fin.

(*)Traductor, intérprete y filólogo.  YouTube: Así como me lo contaron.

altus@sureste.com

Deja un comentario

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

A %d blogueros les gusta esto: