viernes , septiembre 20 2019
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El futuro de Ivonne Ortega

Vida después del PRI?

Antonio Salgado Borge (*)

Publicado en Diario de Yucatán

Desde luego, en estos momentos es imposible saber a ciencia cierta cuál será el futuro político o personal de Ivonne Ortega Pacheco. Lo que sí es posible es intentar entender las condiciones que podrían determinar el sentido de este futuro. Para ello, vale la pena iniciar identificando que, en lo que respecta a su futuro en el sistema de partidos, tiene dos opciones sobre la mesa:

Una de estas opciones es buscar cabida en un partido establecido. Esto implica necesariamente un cálculo pragmático de las dos partes interesadas; es decir, para que esto ocurra, ambas partes tienen que ganar algo. La distancia que podrá recorrer Ortega en este sentido dependerá, en buena medida, del capital o peso político que logre acumular y mostrar a las partes con la que negocie. Por ejemplo, no es lo mismo una negociación con Morena o con el PAN que una con el PT o con el PVEM. Tampoco es lo mismo una posición de poder que una de mera comparsa.

Otra posibilidad para Ortega es formar su propio partido o movimiento. Por descabellado que inicialmente parezca, esta opción no parece fuera de la mesa de la exgobernadora. Por el contrario, sus esfuerzos por construir una imagen propia más allá del que fue su partido están a la vista. Es importante señalar aquí que sería un error burlarse de entrada de un proyecto de esta naturaleza. Y es que los proyectos centrados en un personaje específico son una tendencia mundial. México no es la excepción: el propio AMLO llegó al poder a través de uno y Felipe Calderón lucha desesperadamente por construir el suyo. Desde luego, al igual que en el caso anterior, lo lejos que se pueda llegar en este camino depende en buena medida del capital político del personaje en cuestión.

La pregunta obligada es, por ende, ¿cuál es el peso político actual de Ivonne ortega? Hay al menos dos formas, complementarias y de ninguna forma exhaustivas, de responder a esta pregunta.

(1) La primera pasa por evaluar sus redes dentro del PRI; es decir, la capacidad de movilización pura y dura que se llevaría a otro partido o a su propio movimiento. Dos elecciones ofrecen alguna luz al respecto. La más relevante es la reciente elección de la dirigencia nacional priista. En este proceso, Ortega menos de una quinta parte de los votos contabilizados (alrededor de 15 por ciento)

Indefendible

Alguien podría decir, con razón, que este resultado es engañoso, dada la suciedad que caracterizó a esta elección. El proceso priista es, para ser claro, indefendible. Sin embargo, lo que estamos buscando aquí no es evaluar la calidad de la democracia interna en el PRI, sino el peso que un personaje puede tener dentro del mismo. En este sentido, todas las personas que compitieron en este proceso sabiendo que el individuo ganador sería aquel que lograse mostrar mayor “músculo”. En este contexto, “músculo” significa “estructura” que, a su vez, es un eufemismo para referirse a la capacidad de acarreo y manipulación electoral.

Por ponerlo de otra forma, las reglas del juego de la elección priista, por inaceptables que sean, representaron muy bien la realidad que buscaban conocer los priistas: el poder que quienes competieron ostentan en ese partido, sin importar su origen, condiciones o alianzas contextuales. Y, si este es el caso, es claro que Ivonne Ortega Pacheco lució sumamente débil, pues a pesar de su presencia en los medios su fuerza apenas le alcanzó para obtener 65 puntos porcentuales menos que los que registró su rival “Alito” Moreno.

Pero el rotundo fracaso de Ortega en la elección nacional priista contrasta con lo ocurrido en Yucatán hace unas semanas, cuando el PRI local eligió a su dirigente estatal. La lógica de este proceso fue muy similar a la vista en el proceso nacional: acusaciones de dudosa organización, padrones adulterados o personas que votaron más de una vez caracterizaron a la elección de la dirigencia local de ese partido. Al igual que lo ocurrido en elección nacional, estas condiciones no fueron fortuitas y terminaron siendo aprovechadas por la persona con más poder.

La diferencia es que, en este caso, esa persona fue Ivonne Ortega. Y que, desde luego, no hubo queja alguna de la exgobernadora o de su grupo sobre la justicia o calidad del proceso.

Escenarios

Para efectos de este análisis lo relevante es que la comparación entre ambos escenarios puede ser considerada como evidencia del poder real que ella tiene dentro de su partido, del carácter focalizado de este poder y, por ende, de los alcances del mismo.

(2) El segundo elemento para evaluar el peso político de Ortega a considerar en este análisis es su imagen. En estos tiempos, un personaje conocido y reconocido es un activo digno de ser tomado en cuenta por cualquier partido: si algo requieren desesperadamente los partidos opositores es la presencia de figuras creíbles y capaces despertar ilusiones. Pero es muy complicado pensar que la exgobernadora puede ser uno de estos personajes.

Recordemos que ella apareció en la arena política como una aparente opción joven de recambio y haciendo énfasis en su vocación social —el discurso de Ortega incluso tomó elementos progresistas—.

Desde luego, este efecto pronto se difuminó. Actualmente Ortega es asociada a la generación de quienes en algún momento fueron considerados “ejemplares gobernadores jóvenes” del PRI, que incluyen a Javier Duarte, César Duarte y Roberto Borge y, desde luego, al propio Enrique Peña Nieto.

Es difícil suponer que exista en México un grupo de políticos tan bien demarcado y con una imagen tan deteriorada como la de los personajes arriba mencionados —que, además, están asociados con el partido con peor imagen. Ortega no sólo formó parte de este grupo en términos generacionales o sincrónicos, sino que replicó algunas de las dinámicas electorales, políticas y administrativas que caracterizaron a esta generación.

Lo relevante aquí es que no hay elementos que lleven a suponer que una persona tan fuertemente vinculada con uno de los grupos más desprestigiados pueda tener arrastre político nacional o convertirse en la figura que encabece un movimiento que cimbre al actual sistema de partidos.

Reinvención

El resultado de la evaluación del capital o peso político de Ivonne Ortega en términos de estructura o imagen no es inicialmente prometedor para la exgobernadora. Esto no implica, sin embargo, que su fracaso sea necesariamente total o que esté garantizado. Y es que, aunque complicada en este caso por los motivos mencionados, la capacidad de reinvención a través de terceros es un arte bien conocido en la política mexicana. Pero, sobre todo, porque existen partidos pequeños, irrelevantes y costosos que, no buscan competir por el poder electoralmente, pero que son en los hechos un muy buen negocio para aquellas personas que los regentan. Y, para más de uno de estos partidos, el capital político de la señora Ortega Pacheco podría resultar una adición digna de ser tomada en cuenta.— Edimburgo, Reino Unido

asalgadoborge@gmail.com

Antonio Salgado Borge

@asalgadoborge

Candidato a doctor en Filosofía (Universidad de Edimburgo). Maestro en Filosofía (Universidad de Edimburgo) y maestro en Estudios Humanísticos (Itesm)

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