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Edgardo Arredondo Gómez: La violencia doméstica

Bronca ajena no es tu pena

Fuente: Diario de Yucatán

Rompe el silencio. Cuando seas testigo de la violencia contra las mujeres no te quedes de brazos cruzados. Actúa —Ban Ki-moon

En un fraccionamiento de Chuburná, en el norte de Mérida, un sujeto agredió a su novia. A punta de palos, le abrió una herida en la cabeza; la joven como pudo subió al techo de la vivienda y de ahí se arrojó al predio adjunto para pedir ayuda y huir de su agresor.

En el rumbo de San Sebastián, en el Centro, un individuo alcoholizado y al parecer bajo efecto de drogas armó un zafarrancho en su casa, agrediendo verbal y físicamente a su progenitora.

En el sur de la ciudad, en la colonia Emiliano Zapata Sur III, un individuo ebrio golpeó con un mazo a su señora, al encontrarla en la calle platicando con una vecina, ocasionándole lesiones en la cabeza y un hombro.

Estos hechos de violencia doméstica, donde los protagonistas son hombres alcoholizados, ocurrieron prácticamente en un lapso menor de 24 horas y en todos ellos el desenlace no fue trágico, como los lamentables hechos ocurridos hace unas semanas, en los cuales el pleito de una joven pareja terminó en una desgracia.

Estos tres sucesos tuvieron un denominador común: los vecinos llamaron al 911 y la policía llegó a tiempo, evitó una tragedia mayor y puso a disposición de las autoridades a estos tres cobardes.

Lo anterior nos hace reflexionar en la necesidad de incorporar a nuestra cultura el tener una conducta inmediata al ser testigo de todo pleito doméstico ajeno o propio, llámese de cónyuges, novios o lo que ustedes quieran con un potencial desenlace fatal.

A todos nos ha tocado alguna vez ver estos pleitos de vecinos.

Lo que empieza con gritos y toda clase de improperios, en poco tiempo se acompaña de ladridos de perros, y el ruido de objetos que vuelan y se hacen trizas. Cuántas veces la reacción es: bajarle el volumen a la televisión para escuchar mejor, correr “tantito” la cortina o pegar el oído a la pared, seguidos por el: “¡Qué barbaridad!, otra vez llegó de copas el vecino”, “Pobre mujer… que se largue de esa casa”, “¡A mí contestas así y te boto los dientes!”, pasando por expresiones como: “Ni te angusties: son pleitos de pareja, luego se andan besuqueando” o “No es tu bisne, jefa, no te metas” hasta llegar al “Bronca ajena no es tu pena”. Todo esto constituye un acto de omisión, de lo más imperdonable y que no debemos permitir.

En medio del lamentable aumento de los feminicidios y el efecto que ha tenido el confinamiento, con todo y la “ley seca”, la violencia doméstica sigue incontenible.

Si bien es cierto que el problema debe combatirse de raíz, que es multifactorial: social, económico, cultural etc., no podemos como sociedad permitir que situaciones de esta naturaleza, por muy ajenas que sean, deriven en tragedias.

Según cifras de la National Domestic Violence Hotline, cada minuto en los Estados Unidos un promedio de 24 personas son maltratadas por su pareja íntima (12 millones de personas al año, incluyendo a mujeres y hombres).

En un país como el nuestro, donde el machismo cala profundo, la misoginia no tiene preferencias culturales, ni sociales, el problema es igual de grave y sin que tengamos la pulcritud estadística de nuestros vecinos del norte, es muy posible que las cifras sean iguales o peores.

Según el Sistema Nacional de Seguridad Pública, a partir del confinamiento, tan solo en marzo, el mes en el que éste comenzó, en México se registró un total de 26,171 llamadas por violencia doméstica, 21% más que las 21,628 recibidas durante el mismo período en 2019.

Sabemos que la solución es compleja y se combate atacando las causas del problema, pero hay que ir de lleno contra las consecuencias. De tal manera que es importante hacer campaña y confiar plenamente en nuestras autoridades.

Ante un atisbo de violencia doméstica, actuemos de inmediato. Una llamada oportuna al 911 puede salvar vidas.— Mérida, Yucatán. arredondo61@prodigy.net.mx

Médico y escritor

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