miércoles , julio 17 2019
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Declaraciones indignantes

Mirada antropológica

Rodrigo Llanes Salazar (*)

Publicado en Diario de Yucatán

Pocas veces en años recientes algunos diputados yucatecos habían exhibido sus posiciones anti-democráticas y discriminatorias con tanta claridad como lo han hecho en días recientes.

El asunto se deriva —pero no se reduce a— de la pasada votación en contra del reconocimiento del matrimonio igualitario en las leyes de Yucatán, hace casi un mes, el pasado 10 de abril.

Ya se ha dicho en repetidas ocasiones en estas páginas que la votación secreta del Congreso fue cobarde y carente de fundamentos legales. Así lo han expresado en Diario de Yucatán respetados académicos y líderes de opinión como Freddy Espadas Sosa, Antonio Salgado Borge, Filiberto Pinelo y Ernesto Jesús Mena.

No solo es la votación del Congreso la que ha agraviado a la sociedad, sino también las declaraciones de algunos diputados en los últimos días.

Por ejemplo, Felipe Cervera Hernández, diputado priista y presidente de la Junta de Gobierno y Coordinación Política del Congreso, expresó que “no es una generalidad de un mundo linchando a una legislatura, es un grupo de 4 personas bien organizadas que están haciendo el trabajo que consideran que es positivo, cosa que yo no lo considero de esa manera”.

No son solo cuatro

Cervera Hernández miente. No somos solo cuatro personas que estamos cuestionando al Congreso. Las dos peticiones de amparo presentadas en contra de la votación del Congreso están firmadas por 36 personas demandantes. Además, 302 personas se adhirieron a las demandas.

En respuesta a las declaraciones de Cervera, diversas personas utilizaron la etiqueta #NoSomosCuatro en redes sociales para cuestionar la actuación del Congreso, entre ellas la organización defensora de la libertad de expresión Artículo 19, Amnistía Internacional Yucatán y la presidencia del Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación de la Ciudad de México.

En cualquier caso, resulta preocupante que un representante público, sobre todo el presidente de la Junta de Gobierno y Coordinación Política del Congreso, intente minimizar una reclamación de la ciudadanía a la que representa, mintiendo sobre el número de personas inconformes.

Como el león piensa que todos son de su condición, Cervera cree que las demandas de la ciudadanía sobre la votación del Congreso son un asunto partidista. El diputado priista declaró que “lo que realmente debe ofender” no es la votación homofóbica y discriminatoria del Congreso, sino “utilizar un tema de derechos humanos para estar queriendo cobrar facturas políticas”.

Como explicó Antonio Salgado ayer en este espacio, “ha sido el propio Cervera, junto con Rosa Adriana Díaz, quienes han beneficiado enormemente a sus rivales. Los grandes ganadores en términos partidistas de lo ocurrido en el Congreso son, merecidamente, Movimiento Ciudadano y, de pasada, Morena”.

Lamentablemente, Cervera no ha sido el único en hacer pronunciamientos indignantes. El diputado panista Manuel Díaz Suárez también ha hecho declaraciones discriminatorias y preocupantes para la cultura democrática de Yucatán.

En entrevista a un medio local, Díaz afirma que “he recibido ataques de gente intolerante que me cataloga como homofóbico. Quisiera saber si con la misma actitud que ellos tienen no son heterofóbicos, porque no respetan mi posición como heterosexual”.

La postura de Díaz puede entenderse como parte de una posición más amplia que consiste en la victimización de los hegemónicos, y que puede encontrarse en prácticamente todo el mundo.

Blancos que sienten que serán remplazados por musulmanes, latinos y afrodescendientes; hombres que consideran que las mujeres quieren imponer una “dictadura del feminismo”; heterosexuales que declaran ser discriminados por homosexuales.

La victimización de los hegemónicos es una respuesta a las reclamaciones de grupos minoritarios y subordinados por igualdad de oportunidades. Y, desde luego, también es una distorsión terrible de las reivindicaciones de derechos de estos grupos.

Los musulmanes, latinos y afrodescendientes organizados; las mujeres feministas y el movimiento LGBT no quieren que los blancos, los hombres y los heterosexuales, sufran lo que ellas y ellos han padecido. Llamar “racista”, “machista” u “homofóbica” a una conducta no tiene como propósito lastimar a la persona que la cometió, sino advertir sobre dicha conducta, lo que la motiva y cuáles son sus consecuencias en el sufrimiento de otras personas.

La victimización de los hegemónicos es muy preocupante, pues el sentimiento de que son víctimas ha conducido a supremacistas blancos a matar a musulmanes y migrantes —como ha sucedido en Noruega y Nueva Zelanda—; ha motivado a hombres a exigir un freno a los derechos políticos, laborales, reproductivos y sexuales de las mujeres; ha llevado a heterosexuales a agredir física y verbalmente a personas LGBT.

En Yucatán, esta posición no es exclusiva de Díaz. También la hemos atestiguado en días recientes en declaraciones de la diputada panista Rosa Adriana Díaz Lizama y entre grupos como el Frente Nacional por la Familia y la Red Pro Yucatán, cuando denuncian un presunto intento de imposición de la dictadura de la “ideología de género”.

Además, el cuestionamiento a la actuación de Díaz no es por su condición de heterosexual, sino por su posición como diputado. En este sentido, resulta irrelevante la orientación sexual de Díaz; lo que importa es su labor legislativa y cómo ésta tiene consecuencias en la dignidad y el sufrimiento de las personas.

Díaz ha lastimado a las personas LGBT con su voto, pero también lo ha hecho al comparar la exigencia por el derecho al matrimonio igualitario a “reclamar estar casado con mi perro”. Ésta es, lamentablemente, otra lógica común entre grupos hegemónicos que se resisten a perder sus privilegios: señalar sin fundamentos que reconocer un derecho x abrirá la puerta para reconocer otros derechos que, en realidad, no son demandas de la ciudadanía.

Con una lógica absurda, Díaz ha comparado a las personas LGBT con perros y, como ha escrito Salgado Borge, “por sus palabras, Díaz y su partido tendrían que, como mínimo, disculparse públicamente. En otros países, esto implicaría renuncias y deslindes inmediatos”.

Más allá de la votación sobre el matrimonio igualitario, lo que resulta sorprendente son las posiciones antidemocráticas y discriminatorias de algunos de los diputados yucatecos. Sus declaraciones revelan una falta de astucia política, una incapacidad para leer la realidad política en la que se encuentran y responder acertadamente a ella.

El periódico “El Universal” dio a conocer ya los resultados de la Encuesta Intergeneracional Actualidad Latinoamericana GDA 2019. La principal conclusión de la encuesta es que “los jóvenes en México no creen en las instituciones”.

Así, el 53.2% de los milénials —jóvenes de entre 24 y 36 años— y el 44.9% de la generación Z —jóvenes menores de 23 años— afirmaron que no tienen “ninguna credibilidad” en los partidos políticos. Solo el 0.4% de los milénials y el 0.9% de la generación Z expresó tener “absoluta credibilidad” en los partidos políticos. El resultado es claro: las nuevas generaciones de mexicanos no creen en los partidos políticos.

En contraste, a la pregunta “¿Cuál es tu opinión acerca de la unión legal (matrimonio) entre personas del mismo sexo?”, el 70.4% de los milénials y el 78.4% de la generación Z encuestados respondieron que están “A favor, deben poder casarse y tener todos los derechos que ellos implica”. Solo el 9.5% de los milénials y de la generación Z respondieron estar en contra.

Las y los diputados yucatecos que están pensando en continuar con su carrera política deben saber que cada vez más lidiarán con personas que casi no confían en los partidos políticos y que se preocupan de manera creciente por temas de derechos humanos, entre ellos el derecho de todas las personas al matrimonio.

En contra de lo que diputados como Felipe Cervera, Manuel Díaz y Rosa Adriana Díaz han declarado, recordarles esto no constituye en ningún modo una amenaza, sino una simple observación de la realidad política en la que nos encontramos y las posibles consecuencias de no saber leer y responder adecuadamente a dicha realidad.— Mérida, Yucatán.

rodrigo.llanes.s@gmail.com

Investigador del Cephcis-UNAM

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