domingo , diciembre 8 2019
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Crónicas fridmanas

El caso de la secretara de turismo

Antonio Salgado Borge (*)

Fuente: Diario de Yucatán

Michelle Fridman, la actual secretaria de turismo de Yucatán, se ha convertido recientemente en blanco de críticas y de reclamos. No es para menos. El dispendio, la superfluidad y los posibles contratos irregulares surgidos desde la dependencia que encabeza, plenamente documentados por Diario de Yucatán, justifican estas reacciones.

En este artículo argumentaré que algunas de las narrativas construidas alrededor de Fridman pueden ayudar a perder de vista lo que ocurre o a desviar la atención de un problema que puede ser más grave de lo que suele considerarse. Para ello, revisaré las que, a mi juicio, son las tres principales formas de contar una y la misma historia.

(1) La primera de las narrativas a considerar cuenta que Fridman está gastando millonarios recursos en eventos promocionales a espaldas del gobernador. Aunque es necesario ponerlo sobre la mesa, este escenario, desde luego, debe ser inmediatamente desechado. En primer lugar, porque los eventos a los que parte de ese dinero se ha destinado son del dominio público, por lo que no cabe espacio para suponer que Mauricio Vila no sea consciente de lo que sucede. Además, parte del gobierno del estado parece haber trabajado en sincronía con Fridman, fenómeno que necesariamente es del conocimiento de quien administra ese gobierno.

(2) Una segunda narrativa cuenta que Mauricio Vila es consciente de lo que ocurre, pero añade que el gobernador no puede hacer nada para evitarlo. En este escenario, Michelle Fridman es concebida como una suerte de “poder tras el trono” quien, a través de la dependencia que encabeza, succiona y derrocha dinero del aparato estatal sin que alguien pueda detenerla. Aunque la solución a este problema es evidente —retirar a Fridman de su cargo—, esta opción estaría fuera de la mesa, pues ni siquiera Mauricio Vila tendría la capacidad necesaria para frenar a su voraz y omnipotente secretaria de turismo.

Esta narrativa se ha popularizado. A algunas personas esta historia les permite canalizar prejuicios relacionados con género, lugar de nacimiento o aspecto físico. Además, favorece a quienes, dentro del propio gobierno de Vila y dentro del PAN, desean ver fuera de su cargo a la secretaria de turismo —es fácil ver que hay quienes tendrían razones para alimentarla—. Finalmente, esta forma de contar lo que ocurre es que ésta embona con una narrativa pre-existente, de acuerdo con la cual existen secretarios en el gabinete que, por un motivo u otro, se habrían instalado más allá de la esfera de poder del gobernador.

Sin embargo, es claro que una narrativa de esta naturaleza tampoco se sostiene. A diferencia de lo que ocurre en otros casos —como en la Secretaría de “Desarrollo Social”— no hay motivo para pensar que Mauricio Vila no cuente con la capacidad de, sí así lo deseara, remover a su secretaria de turismo. Pero, sobre todo, es importante distinguir que esta forma de contar la historia podría ser alimentada desde el propio palacio de gobierno. Y es que, así narrada, esta historia beneficia en un sentido al gobernador. Dado que los derroches, posibles contratos irregulares o superfluidades ocurren sin su autorización, es posible responsabilizarle por omisión, mas no por acción. Desde luego que ello implicaría, finalmente, una clara responsabilidad. Pero, al menos ante la opinión pública, puede resultar mejor presentarse como víctima que como victimario.

(3) Lo anterior nos lleva a la tercera y última de las narrativas a revisar. Esta idea parte de la base de que Mauricio Vila podría estar enterado y haber permitido voluntariamente la forma en que se ha conducido su Secretaría de Turismo. Sin embargo, a ello agrega que las acciones de esta dependencia habrían sido preacordadas o decididas desde el propio palacio de gobierno. Es decir, que conciertos, contratos y demás serían parte de una estrategia empujada, con conocimiento de causa, desde el propio gobierno.

Una objeción natural a esta forma de contar la historia es que tiene poco sentido pensar que al gobierno de Yucatán le conviene dilapidar recursos que, muy probablemente, no se traducirán en mayores ingresos o beneficios para la población. Y, si este es el caso, uno puede preguntarse, con razón, qué se gana al impulsar el dispendio. Otra objeción, relacionada con la anterior, es que un fenómeno de esta naturaleza contrasta con el ímpetu de austeridad que proviene del gobierno del estado. Esto es, que tiene poco sentido pensar que con una mano se recortan recursos a varias dependencias mientras que, con la otra, éstos se gastan sin pudor o rubor en eventos.

Pero a estas objeciones se podría responder que nuestra tercera narrativa embona con otra historia que flota en el aire: la idea de que el gobernador busca, desde sus primeros días en el cargo, construir una plataforma desde la cual empujaría un intento de candidatura presidencial a través de su partido. Es importante subrayar que esta forma de enfocar —o desenfocar— la responsabilidad de encabezar el gobierno de un estado no sería inédita en Yucatán ni en otras partes de México. Por increíble que parezca, en México las gubernaturas son en ocasiones concebidas como trampolines para tomar impulso hacia la presidencia.

En este cruce de historias, la secretaria de turismo estaría en parte dedicada a realzar o promocionar la imagen del gobernador fuera de Yucatán. La cantidad y forma en que son usados los recursos empleados para ello, claro está, serían palomeados desde el propio palacio de gobierno.

Desde luego, en esta intersección tiene lógica la elección de una publicista para encabezar una secretaría que tendría que estar dedicada en buena medida a garantizar que la actividad turística sea sustentable e incorpore, como actores principales, a sectores de la población más marginados. Ello también daría sentido a la aparente contradicción entre el gasto superfluo en eventos y los severos recortes a otras áreas —particularmente aquellas que no benefician en lo más mínimo a la proyección del gobernador fuera del estado—. Y a la selección de un operador político para encabezar la secretaría de desarrollo social del estado.

Si nuestra tercera narrativa se sostiene, Yucatán estaría ante un problema mucho más grave de lo que puede pensarse en primera instancia. Ante la molestia derivada de los hechos impresentables documentados por Diario de Yucatán, el gobernador podría decidir remover a su secretaria de turismo. Pero, en este contexto, la remoción sería simplemente una forma de calmar las aguas con el fin de poder seguir navegando, más discretamente y con menos costo político, hacia una candidatura añorada. Un verdadero cambio de rumbo pasaría por la exigencia de la sociedad y la capacidad de Mauricio Vila de rectificar y construir sus legítimas aspiraciones políticas exclusivamente con base en los resultados de su gobierno. Y es que, paradójicamente, enfocar toda la atención en Fridman puede terminar creando una cortina de humo benéfica para el proyecto mismo que a través de Fridman se estaría impulsando.—Edimburgo, Reino Unido

asalgadoborge@gmail.com

@asalgadoborge

Candidato a doctor en Filosofía (Universidad de Edimburgo). Maestro en Filosofía (Universidad de Edimburgo) y maestro en Estudios Humanísticos (Itesm)

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