Lunes , mayo 22 2017
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“Crónica de una muerte anunciada”

Un sacrificio innecesario

Simonetta Mira y Beatriz Castilla Ramos (*)

Emma Gabriela Molina Canto, in memoriam

Desde que Beatriz me informa de la tragedia que le arrebató cruelmente la vida a la joven madre Emma Gabriela el 27 de marzo en un artero crimen, nos quebranta el corazón y, aunque estamos en dos continentes, no hemos podido asimilarlo.

El dolor nos paraliza con la misma indignación, impotencia, incredulidad y consternación que ha manifestado la ciudadanía emeritense que convocó a más de dos mil personas en la “¡Marcha del Silencio!” y en innumerables publicaciones que han trascendido fronteras.

Nuestra mente no se aparta del drama perpetrado con toda saña ante sus hijos, inocentes criaturas; ni del de Ligia Canto, su madre, de familiares y amigos que consterna a la ciudadanía y fue tangible con las muestras de solidaridad.

Repasamos brevemente los hechos consabidos porque conocí a Ligia Teresita, madre de Emma, y a su padre, que acudieron a la presentación de nuestro libro “¡Ya no Más!”, ya que Emma Gabriela tenía arraigo domiciliario.

Beatriz me recordó la entrevista que sostuvo en junio de 2013 al recibir a Emma Gabriela y a Ligia Teresita en su hogar, quienes le relataron con una serenidad inaudita cada instante del espinoso camino, desde el 25 de mayo de 2012, cuando fue interceptada en la ciudad de Mérida, encañonada con una pistola por el propio esposo y él mismo, en calidad de prófugo, sustrajo a los pequeños, de quienes no se supo por años su destino.

Tratada como delincuente de alta peligrosidad, Emma Gabriela es conducida a la cárcel de Villahermosa por largos cuatro meses, sustentado en delitos fabricados. Al salir libre, emprende un camino espinoso: acompañada de su madre y personas solidarias en múltiples manifestaciones, con las fotografías de los niños clama a las autoridades y a la ciudadanía para que le ayuden a encontrar a sus pequeños.

Nos ponemos en la piel de la madre, la abuela y demás familiares; no podríamos soportar la incertidumbre un instante al no saber cómo y dónde estaban sus hijos. Cada segundo de dolor es indescriptible.

Por los delitos espurios impugnados a Emma Gabriela y a su madre, era predecible una reacción violenta exacerbada por el hoy presunto criminal, cuyo propósito era refundirla en la cárcel.

Ella recurre a amparos contra los delitos gansteriles que le imputaban y se mantiene en un obligado “arraigo domiciliario”; como a su madre, Ligia Teresita, quien sufrió el vil encarcelamiento en Guadalajara, a donde asistió a dar su testimonio. Finalmente, logran su objetivo: el asesinato cobarde de Emma Gabriela frente a sus pequeños. ¡Cuánto dolor! ¡Cuánto sufrimiento! ¡Cuántas vejaciones! ¡Cuántas noches en vela! ¡Cuántas injusticias! ¡Y qué incertidumbre que aniquila al no conocer el paradero de sus hijos!

La historia de Emma Gabriela que concluye en esta tragedia que hoy lamentamos podría resultar inesperada para el ciudadano común, pero jamás para los profesionales expertos en materia criminal, quienes conocen a profundidad el perfil de los agresores y, por ende, de lo que son capaces de cometer contra sus víctimas.

La investidura de las autoridades les confiere el compromiso de proteger al ciudadano, no de reprimirlo, pero sobre todo de prevenir situaciones en las que se encuentran en riesgo. Si bien se sabe que este asesinato se inscribe en una madeja imbricada en una red siniestra que permea todos los niveles, nos preguntamos: ¿Qué fue lo que falló que no se protegió a Emma Gabriela? ¿Por qué se llegó a la muerte de esta madre inocente, como de tantas otras víctimas?

Al recorrer las instalaciones del “Centro de Justicia para la Mujer”, en marzo de 2014, Simonetta expresó con admiración que el Centro representaba “la máxima excelencia de una organización de un país avanzado que no tenía que envidiarle a ninguna nación europea” y que constituía un instrumento fundamental para lograr el éxito de todos los proyectos concernientes a la equidad de género.

La respuesta, que desde nuestro punto de vista puede ubicarse, es que si no se desarrolla la sinergia entre las fuerzas para detener la demoledora violencia doméstica, todo esfuerzo será inútil debido a que se asiste con impotencia al derroche de energía, de compromiso con la ciudadanía, de desgaste físico, mental, de desaliento económico, con la consecuente pérdida de vidas humanas que hubieran podido evitarse.

Porque acorde con el Capítulo IV, Protección y apoyo, del Convenio del Consejo de Europa sobre prevención y lucha contra la violencia contra las mujeres y la violencia doméstica, en su Artículo 18 – Obligaciones generales, de la Convención de Estambul en 2011: “2. Las Partes tomarán las medidas legislativas u otras necesarias, conforme a su derecho interno, para velar por que existan mecanismos adecuados para poner en práctica una cooperación eficaz entre todos los organismos estatales pertinentes, incluidas las autoridades judiciales, los fiscales, las fuerzas y cuerpos de seguridad, las autoridades locales y regionales, así como las organizaciones no gubernamentales y las demás organizaciones o entidades pertinentes para la protección y el apoyo a las víctimas y testigos de todas las formas de violencia…”.

Una pequeña aportación la constituye la experiencia de Roma que se origina con la organización del voluntariado del llamado “Telefono Rosa”. El teléfono rojo, en español, nace en febrero de 1998 y ofrece un servicio de atención telefónica 24 horas, consultoría legal, psicológica, psiquiátrica y de mediación familiar, con la colaboración de la policía del Estado que ha creado un proyecto para sensibilizar a los oficiales a fin de que sepan actuar y conocer que el primer contacto de la víctima con las fuerzas del orden permite establecer una relación de estricta confianza.

A esto se suman los hospitales que crearon el “codice rosa” (alerta máxima y atención). Esto es, en un salón se acoge de inmediato a las víctimas que son atendidas por expertos, integrados en un equipo multidisciplinarlo con personal sociosanitario: enfermeras, obstetras, médicos, asistentes sociales, psicólogos, magistrados y oficiales de la policía judicial, quienes atienden a toda la población que sufre de violencia psicológica y sexual, y en general a todos aquellos que se encuentran en una situación de emergencia.

De esta experiencia se recupera la urgencia de una política pública decidida, articulada e integrada por la ciudadanía y el gobierno.

La “Marcha del Silencio” en homenaje a Emma Gabriela Molina Canto es un ejemplo contundente de que la ciudadanía emeritense está preparada y lista para asumir de inmediato un papel protagónico en esta ansiada política pública ad hoc.— Roma, Italia, y Bombay, Maharastra, India.

simonettamira@yahoo.it

bcastillaramos@yahoo.com

Simonetta Mira, doctora en Psicología Clínica con trayectoria profesional abocada a la población más vulnerable. Universitá di la Sapienza, Roma, Italia. Beatriz Castilla Ramos, antropóloga y doctora en Sociología, investigadora de la UCS-CIR Uady. Son autoras del libro “¡Ya no Más! Violencia Psicológica en la pareja. ¿Amantes o Víctimas?”, Editorial Endira, 2014

(Diario de Yucatán)

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