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Círculo retórico vicioso

La polarización durante la presidencia de AMLO

Antonio Salgado Borge (*)

Publicado en Diario de Yucatán

Sea por la fascinación que nos produce lo centenario o por la urgencia de sacar conclusiones, los primeros cien días de un gobierno son un pretexto perfecto para ensayar y contrastar análisis sobre su desempeño. El problema es que para efectos analíticos es difícil ver cómo cien días pueden ser suficientes para realizar diagnósticos que conduzcan a proyecciones certeras. Lo que sí se puede hacer, sin embargo es revisar ciertas tendencias y los efectos que de estas se derivan. El presente artículo estará dedicado a revisar una de esta tendencias: la polarización.

Suponer que la polarización en México terminaría junto con el proceso electoral de 2018 era, por decir lo menos, ingenuo. En su momento, en este mismo espacio argumenté lo complicado que resultaba suponer que dos elementos desparecerían tras a la elección presidencial del año pasado:

(a) El primero es la estructura conformada por quienes crean o difunden en redes sociales contenido inflamatorio o chatarra. Para ver por qué era ingenuo suponer que esta estructura desaparecería hay que considerar que los integrantes de esta estructura tenían un mecanismo funcional en marcha. Y también es preciso considerar que éstos no se alimentan de aire; ya sea a través de contribuciones de los beneficiarios de sus acciones o de la capitalización del tráfico que genera el contenido inflamatorio, estos sitios, perfiles de redes sociales o supuestos periódicos lograron hacerse de un ingreso. Suponer que, con la maquinaria en plena marcha, renunciarían su negocio era, por decir lo menos, ingenuo.

(b) El segundo elemento es el grupo de personas fanatizadas o radicalizadas en parte gracias a esta estructura. Y es que en buena medida gracias a su existencia, los individuos fanatizados encuentran todos los días la dosis de odio que requieren para mantener su fanatismo encendido. El caso más marcado es, desde luego, el constituido por los fanáticos pro-AMLO y por los fanáticos anti-AMLO. En un sentido, el resultado de la polarización generada es contradictorio. Por una parte, el público está probablemente más politizado que nunca. Y esto, en el papel, tendría que ser una buena noticia; el interés en temas políticos y en la cosa pública en general son cruciales para la salud de cualquier democracia. Pero por otra parte, la politización no se ha traducido en una mejora en la calidad de la deliberación sino en un partisanismo a prueba de todo —incluidos argumentos o evidencias—.

La lógica de la polarización y sus componentes no son exclusivos de México; estamos ante un fenómeno global cuyas instancias van desde Reino Unido —véase el caso Brexit— hasta Estados Unidos. Por ende, tal como ocurre en esos países, México tiene que lidiar con las amenazas que de esta lógica se derivan. Y es que, como Estados Unidos, nuestro país está recorriendo un “círculo retórico vicioso del que podría ser imposible escapar” (“The Economist”, 21/07/2018).

Si bien es cierto que aún no alcanzamos la marca de bufonería y odio establecida por Donald Trump, el surco dejado por las vueltas al círculo retórico vicioso que hemos venido recorriendo es cada vez más profundo. Dada la presencia de los puntos (a) y (b) mencionados arriba, en este escenario la responsabilidad de los principales partidos y sus líderes cobra una especial relevancia. Para ser claro, el gobierno de AMLO y la oposición —partidista o no— tienen la enorme responsabilidad de, sin perder el espíritu crítico y el ánimo de confrontación deliberada, atenuar la polarización modificando su discurso y descartando estrategias incendiarias. O, lo que es lo mismo, de “bajarle dos rayitas” al tono de su discurso.

El problema es que el “círculo retórico vicioso de la polarización”, peligroso como es para cualquier nación que aspira a ser democrática, puede también ser sumamente productivo para sus élites políticas o económicas.

(1) Para ver por qué, empecemos identificando que el primer ensayo de esta lógica en México se produjo en 2006. Entonces, un grupo de poderosos empresarios en alianza con el PAN, desesperados por su inminente derrota electoral y por la posible pérdida de privilegios que ello implicaría, lanzaron la tristemente célebre campaña de miedo “AMLO es un peligro para México”. Así, se dibujó al candidato presidencial puntero como la versión mexicana de Hugo Chávez y una serie de mentiras o postulados sin fundamento fueron difundidos sin consideración alguna. Posteriormente, la estrategia consistió en ridiculizar a AMLO y a sus seguidores. Dado el éxito obtenido, una segunda versión de esta estrategia fue ensayada en 2018, pero en esta ocasión el resultado fue un rotundo fracaso.

Es decir, tras más de cien días de gobierno y después de haber sido vapuleados en las dos últimas elecciones presidenciales, lejos de buscar erigirse como un partido de oposición verdadera e inteligente, el PAN ha optado por seguir agitando las aguas de la polarización para ver si, en una de esas, capitaliza la división. El PAN, supuestamente el principal partido de oposición, ha apostado casi exclusivamente a mantener la polarización viva. Así, después de haber lanzado un ‘spot’ comercial donde se asocia a AMLO con Hitler —sí, leyó usted bien— recientemente ese partido lanzó una “alerta internacional” para pedir la atención del mundo ante los supuestos intentos de AMLO de reelegirse: “Nuestra democracia está en riesgo, el gobierno autoritario sigue los pasos de #Venezuela y busca perpetuidad”.

Si esta estrategia se repite fácilmente es por la mezcla entre su bajo costo y por la falta de oferta política real de la oposición. Para el PAN y algunos integrantes de las cúpulas económicas puede parecer poco costoso pronosticar que AMLO nos llevará a ser “como Venezuela” y, tiempo después, agregar pretextos para justificar la profecía incumplida. En un escenario polarizado, mentir es muy barato; el costo político de mentir a la parte del público fanatizada a favor de uno es prácticamente cero. Así, gente que dijo públicamente en campaña que AMLO era un peligro, puede correr después a abrazarle sin problema. El problema para quienes polarizan viene cuando, debido su desprestigio personal, su estrategia termina polarizando a una masa importante, pero en su contra. En este sentido, los spots incendiarios del PAN o los comentario burlones del PRI no sólo ponen en evidencia su incapacidad e irresponsabilidad, sino que alimentan la maquinaria instalada en el campo de enfrente.

(2) Por los motivos expuestos en el punto anterior, el presidente tiene elementos sobrados para ver “moros con tranchetes” y alguien podría argumentar que sus dichos polarizadores son una estrategia natural para resistir a los embates en su contra. Esto puede ser cierto. Sin embargo, como Presidente AMLO tiene la responsabilidad que garantizar que el país no termine hundiéndose en el círculo de la polarización. Por el momento, la respuesta del gobierno de AMLO a la polarización parece consistir abrazarla e intentar usarla a su favor. El Presidente parece haber tomado sus conferencias de prensa matutinas o algunas de sus apariciones públicas como una oportunidad para mantener vivo el ímpetu de millones de personas que le apoyan. Así, el AMLO atribuye necesariamente a “los conservadores” con la cualidad de ser hipócritas o habla en términos de “enemigos”. El problema es que en ocasiones las palabras de AMLO, intencionalmente o no, contribuyen a mantener con vida la polarización descrita en los párrafos anteriores.

Pero eso no es todo. Hace una semana, el laboratorio multidisciplinario del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Occidente (Iteso), dio a conocer la presencia de una red de bots —o cuentas de redes sociales automatizadas— que llaman a criticar a los periodistas críticos del nuevo gobierno o a sembrar narrativas que le son favorables. (“sinembargo.mx”, 12/04/2019). Desde luego, instrumentos de esta naturaleza son también utilizados para atacar a AMLO y al nuevo gobierno (“sinembargo.mx” 09/12/2018). Lo importante aquí es que estaríamos ante un instrumento para polarizar utilizado por los principales actores políticos —incluidos los afines al gobierno federal—. Esto es, es posible que la respuesta del gobierno federal a estrategias como la del PAN esté pasando por copiar su lógica.

De acuerdo con “The Economist”, en Estados Unidos “la combinación entre vulgaridad y la polarización extrema está produciendo una mezcla tóxica. Los políticos y las figuras públicas están deshumanizando a sus adversarios”. El problema fundamental es que “si tus oponentes son cerdos o simios es válido hacer todo lo posible para evitar que lleguen al poder” (“The Economist”, 21/07/2018). Esto es, el “círculo retórico vicioso” de la polarización pone las bases para fenómenos antidemocráticos y aumenta la posibilidad de eventos violentos. Pero esto es algo que, por el momento, no parece preocupar gran cosa ni al gobierno ni a la oposición.— Edimburgo, Reino Unido.

asalgadoborge@gmail.com

Antonio Salgado Borge

@asalgadoborge

Candidato a doctor en Filosofía (Universidad de Edimburgo). Maestro en Filosofía (Universidad de Edimburgo) y maestro en Estudios Humanísticos (ITESM)

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