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Cien años de Eugenia

Mirada antropológica

Rodrigo Llanes Salazar (*)

Publicado en Diario de Yucatán

“¡También yo sueño a menudo! Y en mis sueños, lector amigo, contemplo una humanidad casi feliz; libre, por lo menos, de las trabas y prejuicios con que la actual se complica y amarga voluntariamente la vida”.

Con esas palabras inicia “Eugenia. Esbozo novelesco de costumbres futuras”, que Eduardo Urzaiz terminó de escribir en Mérida hace 100 años, el 14 de julio de 1919. ¿Cuáles son esas trabas y prejuicios con las que nos seguimos complicando y amargando de manera voluntaria la vida?

En “Eugenia”, Urzaiz —médico y pedagogo yucateco de origen cubano— imagina a Yucatán en el año 2218. En realidad, Yucatán ahora se llama Villautopia y forma parte de la Subconfederación de la América Central. Esta sociedad futurista comparte algunas características que bien podrían encontrarse en Los Supersonicos y otras sociedades futuras imaginadas, como las aerocicletas en las que pasean los villautopianos y con las cuales pueden viajar de ida y vuelta a La Habana en tan solo 40 minutos.

Pero las aerocicletas, el tranvía aéreo y las aceras giratorias distan de ser los rasgos más llamativos de Villautopia en 2218. En esta sociedad, las personas aprenden álgebra, aritmética y otros conocimientos por medio de sesiones de hipnotismo. Y sobre todo, la organización social es muy distinta a la actual. Las guerras militares, las de sangre y matanza se han acabado, y solo persisten las guerras comerciales (las cuales, como bien sabe el gobierno de Donald Trump, pueden ser igual de dañinas). Las sociedades de todo el mundo se han desarmado y han desaparecido las nacionalidades.

Como explican los sabios en las tertulias nocturnas en la plaza principal de Villautopia, “en la sociedad actual hay todavía pobres y ricos, pero estas palabras no marcan ya una diferencia tan radical y enorme como antes”, pues “los ricos de hoy son simplemente aquellos individuos, bien dotados, que poseen aptitudes suficientes para proporcionarse con amplitud todo lo necesario, más el lujo de lo superfluo. Pobres llamamos hoy a quienes por pereza, falta de ambición o escasez de facultades no ganan para permitirse caprichos y delicadezas”.

El sueño de igualdad económica de Urzaiz contrasta con la desigual realidad del Yucatán en el que vivió en ese momento. En ese entonces, mientras que la élite henequenera vivía en lujosas mansiones en el Paseo de Montejo, aprendía francés, se vestía a la moda parisina y compraba automóviles y yates de lujo, los más de 80,000 peones acasillados en las haciendas vivían en condiciones que algunos han caracterizado como de esclavitud.

Pero el aspecto más desconcertante de la sociedad de 2218 soñada por Urzaiz es la organización de la reproducción humana, particularmente el hecho de que ahora son los hombres quienes dan a luz. En Villautopía de 2218, es el Estado el que controla la reproducción humana y la crianza de los niños. Este control se basa en la ciencia, particularmente en la eugenética, la doctrina que busca el mejoramiento de la especie humana mediante procedimientos artificiales. En el apartado 5 de “Eugenia” se describe con detalle el funcionamiento de los métodos eugenéticos presentes en la novela.

En esta sección, el doctor don Remigio Pérez Serrato, presidente del Bureau de Eugenética, le explica a Ernesto, uno de los protagonistas de la novela, y a dos médicos Khoikhoi que se encuentran de visita, los logros de la eugenética. El doctor Pérez Serrato describe que se esterilizan a criminales natos o reincidentes, a locos y desequilibrados mentales, a ciertos enfermos incurables, como los epilépticos y tuberculosos, así como a todo individuo física o mentalmente inferior o deficiente.

Asimismo, el médico detalla el procedimiento mediante el cual los hombres dan a luz. Primero se toman los óvulos fecundados de las salas de las mujeres. En una sala contigua esperan los hombres gestadores, “previamente feminiziados”, a quienes se les depositan los óvulos en sus cavidades peritoneales. A los 281 días les hacen una laparotomía y les extraen al niño.

Además de los gestadores, existen los reproductores oficiales de la especie, individuos “perfectamente sanos y equilibrados” que deben suministrar a la comunidad un determinado número de hijos (por lo menos 20 por año).

A esta peculiar forma de controlar la reproducción humana le corresponde una manera distinta de organizar la sociedad. Ahora las personas están libres de la carga de los hijos. Esto permite particularmente la liberación de las mujeres, quienes se encuentran en plena igualdad de derechos con los hombres. En la novela, las mujeres son reconocidas conferencistas y poetas premiadas. El amor es libre y las personas se organizan en “grupos” basados en afinidades de carácter y en la comunidad de gustos y aspiraciones, ya no en familias.

Desde luego, Urzaiz no era la única persona que en el Yucatán de hace un siglo soñaba con esos ideales. Tres años antes, el gobernador Salvador Alvarado expresó en su texto “Mi sueño” —cuya escritura es atribuida a Antonio Mediz Bolio— sus sueños con respecto al mejoramiento de la raza. Para Alvarado, un servicio de drenaje completo y suficiente —¡qué en cien años no hemos logrado aún!—, un ambicioso sistema de sanidad pública con el que “se había llegado al caso de ofrecer un premio al que encontrara un mosquito”, el gusto por los deportes y particularmente la formación de Boy Scouts hicieron que las generaciones yucatecas se levantaran “llenas de vigor moral y físico, preparando para el porvenir una raza fuerte y digna, sana y poderosa”.

Alvarado también soñó con la emancipación de la mujer gracias a la educación racional, posición compartida por Urzaiz, quien fue un ferviente impulsor de las escuelas mixtas. Pero fueron sobre todo las mujeres que organizaron y participaron en el Primer Congreso Feminista en 1916 quienes lucharon para que la educación racional se convirtiera en el principal medio de emancipación de las mujeres. “Está fuera de duda —escribieron las feministas congresistas— que la primera obra que hay que hacer es desfanatizar la conciencia (de la mujer)”. Para las congresistas, las mujeres yucatecas debían descargarse de la tradicional idea “de que solo sirve para reproducir la especie y cuidar de su prole”.

Como vimos, Urzaiz escribió que contemplaba una humanidad casi feliz. Este “casi” es muy importante, porque ni la igualdad económica, el fin de la guerra sangrienta o el amor libre aseguran la felicidad plena de los seres humanos. Tal vez nada lo haga porque, como expresa uno de los personajes al final de la novela, “divino patrimonio es el dolor humano”.

En Villautopia de 2218, Ernesto, uno de los protagonistas de la obra, es nombrado reproductor oficial de la especie, lo que lo aleja de Celiana, la mujer de la que estaba enamorado y con la que compartía un grupo junto con otras tres personas.

Celiana, que es una reconocida conferencista en temas de historia y sociología, y es 15 años mayor que Ernesto, sufre por el distanciamiento de éste cuando asume su oficio como reproductor oficial, hasta el grado de consumirse y solo desea fumar cannabis. ¿Este final trágico se debe a la organización social de Villautopia de 2218 o es un aspecto inevitable de nuestra humanidad? Me inclino por la segunda interpretación.

Urzaiz y “Eugenia” se enfrentaron a los prejuicios religiosos y sociales de su época. Actualmente, algunos de los métodos eugenéticos más conocidos, como la esterilización forzada y el genocidio se encuentran ampliamente condenados, mientras que otros más recientes, como la fecundación in vitro y la edición genética, levantan acaloradas polémicas. Pero la pregunta por una humanidad (casi) feliz y libre sigue en pie.

A 100 años de su publicación, “Eugenia” sigue fascinando y desconcertando a sus lectores. Esto se debe en parte a que es muchas veces considerada una de las primeras novelas de ciencia ficción latinoamericana y un antecedente al clásico libro “Un mundo feliz” de Aldous Huxley, publicado en 1932.

En el contexto actual, marcado por guerras culturales en los que los derechos de las mujeres a controlar sus cuerpos se encuentran en disputa; en el que grupos ultraconservadores alegan que minorías quieren destruir a la humanidad al imponer lo que llaman “ideología de género”, lo que no es otra cosa que un mal disfraz para su homofobia; en el que supremacistas blancos defienden la “teoría del remplazo” que postula que la “raza blanca” será sustituida por otras debido a que las mujeres blancas feministas ya no están teniendo suficientes hijos; en este contexto, la lectura de “Eugenia” invita a soñar con una humanidad que, cambiando la forma de organizarnos, pueda ser casi feliz y libre.— Mérida, Yucatán.

rodrigo.llanes.s@gmail.com

Investigador del Cephcis-UNAM

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