lunes , enero 27 2020
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Charles Lindbergh, el joven que alcanzó la gloria de la aviación

Frank Fernández(*)

Fuente: Diario de Yucatán

Hoy día hacer un viaje en avión es algo anodino. Tanto más que, con las compañías de aviación “low cost”, los precios de los billetes de avión han disminuido… en detrimento de los servicios a bordo, dirán algunos.

Hubo un momento en que la aviación estaba reservada a unos pocos que podían pagar inabordables precios para hacer un viaje en avión. Pero incluso, antes de eso, fue necesario que algunos pioneros abrieran el camino de la aviación comercial.

Cuando se declara la Primera Guerra Mundial en 1914, apenas unos años antes la aviación comenzaba a dar sus primeros pasos y pronto los generales de diferentes países entendieron la importancia de dominar los cielos.

Definitivamente, a pesar del inmenso precio en vidas humanas, al menos esta contienda trajo algo positivo: el desarrollo de la aviación. En el caso de Estados Unidos, al finalizar la guerra, los aviadores fueron retirados del ejército y, como lo que sabían hacer era pilotar aviones, se dedicaron al transporte aéreo del correo y, para redondear el mes, a hacer demostraciones acrobáticas que generalmente terminaban con un bautismo del aire de los espectadores por unos cuantos dólares.

Les quiero hablar de un joven de tan solo 24 años, Charles Lindbergh. A pesar de proceder de una familia que quería que realizara estudios superiores de Ingeniería Mecánica, pronto abandonó la universidad y obtuvo un diploma de piloto.

Él también era de los que transportaba bultos de cartas y redondeaba el mes con acrobacias aéreas y bautizos de aire. En los viajes aéreos, las distancias se reducían con aviones cada vez más potentes. Ya algunos aviadores habían intentado unir el continente americano con Europa. Unos norteamericanos habían logrado hacerlo, pero con escalas en Terranova y en las islas Azores. Otro había logrado llegar solo a Irlanda.

Para estas fechas, en Nueva York vivía un francés, Raymond Orteig, que había hecho fortuna en la Gran Manzana en el mundo hotelero. Gran admirador del Marqués de Lafayette, francés considerado héroe nacional en Estados Unidos, y con el fin de fomentar la fuerte relación que había entre su país natal y su país de adopción después de la ayuda que habían dado los norteamericanos en la recién finalizada guerra, propuso un premio de $25,000, unos 200,000 de nuestros días, al primero que lograra conectar por aire y sin escalas las dos ciudades icónicas: Nueva York y París.

Traductor, intérprete y filólogo, altus@sureste.com

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