jueves , agosto 6 2020
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Casa de la Virgen María

Franck Fernández Estrada (*)

Fuente: Diario de Yucatán

No todas las ciudades son antiguas, hay algunas que han sido recientemente fundadas; sin embargo, hay algunas que desde antaño tenían una gran importancia y que han perdido poco a poco su relevancia. Caso particular y notable ejemplo es una ciudad que se encuentra en la Turquía actual, Éfeso.

En la antigüedad, Éfeso jugó un importante papel porque en ella se encontraba un reconocido templo a Diana Cazadora, diosa griega, y que es considerada una de las siete maravillas del mundo antiguo.

Para la época en que nació Jesucristo, Éfeso era una metrópoli con un importante puerto y una animada actividad comercial. Cuando llegó el momento de su crucifixión, desde la cruz Jesús le encargó a San Juan que se ocupara de su madre.

Inmediatamente después de la muerte de Jesús, los romanos conquistadores persiguieron a los discípulos y seguidores del Redentor.

Juan, siguiendo lo que se le había encargado, primero llevó a la Virgen a Sión, después a Betania y por último a Éfeso, donde vivió unos nueve años más.

La pequeña casa que le construyó Juan el Evangelista a María no fue exactamente en Éfeso, sino a kilómetros de la ciudad, en la colina Monte del Ruiseñor. Allí la Santa Virgen estuvo hasta que murió (o se durmió, según la tradición teológica original) y fue elevada a los cielos un 15 de agosto, como conmemora la Iglesia. Más tarde, los bizantinos fundaron en esta pequeña y humilde casa una iglesia que dejó de visitarse.

A comienzos del siglo XIX, en Westfalia, que aún no formaba parte de una Alemania unida, una monja de claustro agustina tuvo visiones muy precisas sobre esta casa. Estoy hablando de Ana Catalina Emmerich, hoy beatificada.

Desde niña había tenido constantes visiones de Cristo mostrándole la cruz. Pronto entró al convento. Era de naturaleza enfermiza y para Navidad y Año Nuevo le aparecían estigmas.

Las autoridades religiosas del lugar la vigilaban para confirmar que no eran lesiones que ella misma se infligiera. Claro quedó que estos estigmas tenían origen desconocido.

Sus constantes enfermedades le imponían estar permanentemente en cama donde tenía muchas visiones.

Alguien le trajo a un escritor de apellido Bretano para que escribiera las visiones que Ana Catalina le narraba en su dialecto de Westfalia y él transcribía al papel en alemán. Después él le leía lo que había escrito y ella misma aportaba los cambios que quería se realizaran en lo que se había escrito.

Entre las muchas visiones de Ana Catalina, narró con lujo de detalle cómo era y dónde se encontraba la casa donde vivió sus últimos años la Virgen.

No fueron éstas las únicas visiones de la beata. Narró también con profusión de detalles toda una serie de eventos de la vida de Jesús, de su calvario y de otros temas más.

El primer libro publicado con las narraciones de Ana Catalina se llamó “La dolorosa pasión de Nuestro Señor Jesucristo”. Este libro fue tomado como fuente por su multitud de detalles sobre el calvario del Señor para la película “La pasión de Cristo”.

A finales de los 1800, siguiendo las indicaciones dadas por Ana Catalina, misioneros católicos franceses de la zona de Éfeso visitaron el lugar que con tanto detalle había descrito la monja. Fácil les fue encontrar el lugar y las ruinas de algo que evidentemente había sido antaño una modesta vivienda.

Como si de un mapa se tratara, las narraciones de la agustina eran precisas y claras. Los aldeanos del lugar conservaban la tradición oral de que era esa casa donde había vivido María. Más adelante este sitio se convirtió en lugar de peregrinación y en 1896 se le consideró oficialmente el lugar de la asunción de la Virgen.

Pío XII proclamó el dogma de la asunción de la Virgen y el gobierno turco en 1951, entendiendo el interés turístico del lugar, abrió un camino para que el sitio pudiera visitarse.

Pablo VI en 1967 proclamó indulgencia plenaria para quienes visitaran este lugar. A la casa de María llegan peregrinos y visitantes de todo el mundo, pero lo singular es que no solamente es visitado en peregrinación por los cristianos sino también por los musulmanes.

A pesar de todo lo que han luchado cristianos y musulmanes desde los albores mismos del surgimiento de la religión de los seguidores de Mahoma, ambas religiones tienen algo fundamental y básico en común y es la veneración de la Virgen María. Es un elemento en que se unen y encuentran las dos creencias.

En árabe su nombre es Mariam, madre de Isa, que es como se dice Jesús en ese idioma. El Corán reconoce en Jesús un profeta y la Virgen ocupa un lugar de relevancia capital en la escritura sagrada de los musulmanes.

Es necesario decir que el nombre de Mariam es mencionado 39 veces en el Corán y solo 14 en el Nuevo Testamento. Aún más, Mariam es el único nombre de mujer expresamente escrito en el Corán.

El Corán está dividido en sunas, que es como se les llama a sus diferentes capítulos, y muchas de estas sunas tienen hermosas palabras sobre la Virgen y aquí quiero citar dos de ellas: “María es la flor mística del Corán, cultivada bajo la atención directa de su Señor, es la bella y única flor”. Otra cita: “María está bajo la protección de Dios, contra el mal y contra Satanás”.

El Corán recoge pasajes de las escrituras cristianas como la Anunciación. Según el Corán, el ángel Gabriel se le presentó a la Virgen en forma de un hermoso joven con su rostro iluminado y le anunció la llegada de su hijo.

Pero el Corán también se alimenta de las escrituras apócrifas. Varios pasajes de Cristo no recogidos en las santas escrituras de los cristianos aparecen en el Corán. Uno de estos pasajes es cuando María, joven y supuestamente Virgen, aparece embarazada ante sus vecinos. Podemos entender que es repudiada por todos, pero en el momento del nacimiento del niño, desde su pesebre, habla Jesús a los presentes para disculpar a su madre ante los incrédulos. Es así como explica quién es él, la misión que tiene para la salvación de la humanidad y defiende la virginidad de su madre.

Por eso, la próxima vez que vaya a un santuario mariano no se extrañe en ver musulmanes, en particular mujeres, visitando y venerando a Nuestra Señora. Ella también es querida, respetada y venerada por ellos.

Traductor, intérprete,filólogo.altus@sureste.com

En total fueron tres tomos publicados después de la muerte de la beata

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