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Así cambió la historia de México el movimiento estudiantil del 68

Publicado en adnpolítico

2 de octubre

El movimiento “ayudó a que el país se empezara a democratizar y que, más adelante, hubiera una alternancia política”, explicó Íñigo Fernández, historiador de la Universidad Panamericana.

CIUDAD DE MÉXICO – La Plaza de las Tres Culturas de Ciudad de México, en el barrio de Tlatelolco, estaba repleta de estudiantes cuando comenzaron a sonar los disparos hace 50 años. El Ejército reprimió con una matanza el fuerte movimiento estudiantil, pero no pudo evitar que cambiara la historia del país.

No hay duda de que el 2 de octubre de 1968 en Tlatelolco “marcó un despertar ante la realidad que vivía México”, explica a Efe Íñigo Fernández, historiador de la Universidad Panamericana.

La matanza demostró que en México “no se vivía en paz” y que “la libertad era muy relativa”, recuerda el académico. A raíz de ello, “la oposición se comenzó a fortalecer y el Gobierno se vio obligado a impulsar reformas electorales”.

El movimiento “ayudó a que el país se empezara a democratizar y que, más adelante, hubiera una alternancia política”, que se concretó en el 2000, con la primera derrota presidencial del hegemónico Partido Revolucionario Institucional (PRI).

Pero el movimiento estudiantil de 1968 va mucho más allá de Tlatelolco. A pesar de la estabilidad económica del país, entre los años 50 y 60, movimientos de maestros, telefonistas y médicos se enfrentaron al gobierno por cuestiones laborales.

El historiador cuenta que el Estado “silenciaba con violencia” las protestas ya que “el gobierno tenía una visión tiránica del poder”. Y no fue una excepción el presidente Gustavo Díaz Ordaz, quien prometió gobernar “con mano dura”.

Félix Hernández Gamundi, líder estudiantil de la época, recuerda que cuando había eventos importantes, como visitas de líderes internacionales, el gobierno detenía preventivamente a líderes políticos y sociales.

Y el 12 de octubre de 1968 se inauguraban los Juegos Olímpicos en México, por lo que el gobierno “quería tener la granja en paz”, añade.

Eso explica que, a finales de julio de ese año, una pelea entre estudiantes de bachillerato en el centro de Ciudad de México fuera disuelta violentamente por antidisturbios.

Como consecuencia, se generaron una serie de manifestaciones estudiantiles a las que el Ejército respondió deteniendo alumnos y ocupando el 30 de julio el Antiguo Colegio de San Ildefonso, cuya puerta fue derribada mediante un lanzacohetes.

Javier Barros, rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la más importante del país, condenó los hechos y encabezó una histórica manifestación universitaria exigiendo la libertad de los presos.

Los universitarios mexicanos, que habían seguido con gran interés la revolución cubana, la muerte del Che Guevara, la Primavera de Praga y los grandes movimientos estudiantiles europeos, se organizaron rápidamente.

Conoce más: A 50 años del 68, la CEAV llama al Estado mexicano a reconocer violaciones a DH

El 2 de agosto crearon el Consejo Nacional de Huelga (CNH) para coordinar un paro en los principales centros académicos del país y organizar exitosas marchas por la capital.

Hernández recuerda que “no había ni una sola demanda estudiantil” entre las exigencias al gobierno. Todas pedían acabar con la represión.

Los estudiantes ocupaban de noche las universidades y organizaban asambleas a las que se fueron sumando familiares y vecinos en un ambiente jovial. “Eso era una verbena diaria”, rememora.

Pero cometieron un “error irreversible”. En el mitin del 27 de agosto en el Zócalo de Ciudad de México acordaron improvisadamente ocupar la céntrica plaza y esperar el 1 de septiembre, fecha en la que Díaz Ordaz debía presentar su informe presidencial. Los estudiantes fueron echados a golpes por el Ejército.

El gobierno retomó así el clima represivo y los militares ocuparon la UNAM mientras la prensa le exigía dureza contra los jóvenes. Sin dejar de movilizarse, los estudiantes optaron por establecer un diálogo con el Ejecutivo.

El 2 de octubre de 1968, representantes estudiantiles se reunieron con emisarios del presidente y se emplazaron a una reunión en la mañana siguiente. Pero ese encuentro nunca llegaría.

Aquella misma tarde, el Ejército y los paramilitares del Batallón Olimpia disolvieron a bocajarro un mitin pacífico en Tlatelolco, donde murieron centenares de estudiantes, según testigos, y otros miles fueron detenidos. Fue el golpe de gracia al Movimiento del 68.

“Nadie se imaginaba algo tan desmedido pero ya llegaban los reporteros extranjeros para los Juegos Olímpicos y el gobierno tenía que acabar de tajo con esto”, sostiene Íñigo Fernández.

Félix Hernández, quien fue detenido ese día, torturado y encarcelado, admite que el movimiento fue “aplastado” pero sirvió para “desenmascarar el régimen autoritario del PRI”.

El 68 se convirtió en un “referente ideológico y moral” que inspiró la candidatura izquierdista de Cuauhtémoc Cárdenas en 1988 hasta la victoria de Andrés Manuel López Obrador de este año, pasando por la búsqueda de los 43 estudiantes de Ayotzinapa.

Tras medio siglo, en cualquier manifestación de México todavía se puede leer: “El dos de octubre no se olvida”.

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