Sábado , mayo 26 2018
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Al servicio de los peores

Antropofagia

Denise Dresser (*)

Antropofagia, del griego “hombre” y “comer”. La acción de incluir carne u otros tejidos humanos en la dieta. Lo que el gobierno de Enrique Peña Nieto está haciendo —metafóricamente— con las instituciones del país. Engullirlas, darles mordiscos, arrancarles los músculos, sorberse hasta la médula. El priismo perdedor, convertido en caníbal, transformado en devorador de las reglas, las leyes, las prácticas que han mantenido a las instituciones de pie. Los priistas llevan décadas debilitando o tergiversando su función, pero nunca habíamos presenciado este grado de depredación. Este nivel de comportamiento canibalístico que está acabando con lo que tomó años procrear.

Instituciones para recaudar los impuestos y asignar el gasto. Instituciones para llevar al cabo investigaciones criminales y procurar la justicia. Instituciones para identificar los delitos electorales y perseguirlos. Instituciones de las que el PRI se vanagloriaba, se enorgullecía. “El Partido Revolucionario Institucional”. El partido que dotó al país de organismos y organizaciones que aseguraron la gobernabilidad, aunque fuera autoritaria. Al menos había ciertas reglas, ciertos códigos, ciertas rayas que no se podían cruzar. Pero en este sexenio, la podredumbre priista importada del Estado de México —sin pudor, sin recato, sin reparo por las consecuencias— empezó a devorar a miembros de su propia especie. La antropofagia atlacomulquense ha ido comiéndose a hijos y a hermanos, pensando que solo así logrará sobrevivir.

La SHCP, alguna vez poblada por la “aristocracia hacendaria”, ahora reducida a un manojo de mentirosos en torno al tema Chihuahua y la deuda y la inflación y tantos más. La Procuraduría General de la República, emitiendo un comunicado en el cual se avisaba de la multa impuesta al fiscal de Chihuahua por combatir la corrupción. La Fiscalía para Delitos Electorales, acusando al gobernador Javier Corral de haber cometido uno al desviar recursos de su estado para la “Caravana de la Dignidad”. Tres tristes ejemplos de un fenómeno más extendido, más preocupante. Las instituciones puestas al servicio de las peores causas, y al aceptarlo, acabando consigo mismas. Las instituciones del Estado, subcontratadas para hacer el trabajo sucio al partido en el poder, al PRI, al gran depredador que usa la antropofagia como castigo de enemigos. Lo que ocurrió con Chihuahua es solo un ejemplo reciente de muchos. El hambre priista por quedarse en Los Pinos es tal, que se avienta a dentelladas sobre secretarías que convierte en pilas de cadáveres.

Ahí está el cuerpo del secretario de Hacienda, expuesto ante la opinión pública como responsable —junto con sus predecesores— de una de las causas más importantes de corrupción en el sector público: la discrecionalidad en el ejercicio del gasto público por parte de la autoridad hacendaria. Ahí están los restos mortales de quien toma decisiones discrecionales y políticamente motivadas sobre el Ramo 23 del Presupuesto de Egresos. Ahí está el cuerpo del titular de la Unidad de Inteligencia Financiera de Hacienda que no ha levantado un dedo para averiguar quién recibió y quién desvió los recursos recibidos de Odebrecht. Y el occiso al frente del SAT, que no ha concluido ni hecho pública una investigación creíble sobre los mexicanos que eludieron impuestos vía operaciones offshore, detalladas por los Panama Papers.

La política peñanietista se comió viva a la Secretaría de Hacienda. A mordidas le arrancó credibilidad, honorabilidad, reputación y expuso todo lo que hace fuera de la ley. Distribuir el gasto con fines políticos, financiar empresas fantasma como parte de la triangulación de recursos con fines electorales; usar el Ramo 23 —que en 2016 ejerció 74% más del presupuesto aprobado— para objetivos poco claros, poco transparentes. Metas como el otorgamiento de subsidios a gobiernos locales para financiar proyectos de “inversión física”: carreteras con socavones y puentes que acaban en ningún lado y recursos embolsados por el PRI o algún gobernador.

Solo huesos

Lo que el caso Chihuahua ha exhibido es el costo del canibalismo institucional, el precio de la antropofagia atlacomulquense. Javier Corral evidenció las prácticas culinarias del PRI en este sexenio: una gran comilona del andamiaje institucional, brazo por brazo, pierna por pierna. Y si lo seguimos permitiendo, solo quedará una pila de huesos.— Ciudad de México.

denise.dresser@mexicofirme.com

Periodista

Fuente: Diario de Yucatán

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