Sábado , abril 29 2017
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8 de marzo, Paro Mundial de las Mujeres

Un Día sin Nosotras

Sandra Peniche

La violencia contra la mujer -especialmente la ejercida por su pareja y la violencia sexual- constituye un grave problema de salud pública y una violación de los derechos humanos de las mujeres.

Las estimaciones mundiales publicadas por la OMS indican que alrededor de una de cada tres (35%) mujeres en el mundo han sufrido violencia física y/o sexual de pareja o violencia sexual por terceros en algún momento de su vida.

La mayoría de estos casos son violencia infligida por la pareja. En todo el mundo, casi un tercio (30%) de las mujeres que han tenido una relación de pareja refieren haber sufrido alguna forma de violencia física y/o sexual por parte de su pareja en algún momento de su vida.

Un 38% de los asesinatos de mujeres que se producen en el mundo son cometidos por su pareja masculina.

Estas formas de violencia pueden afectar negativamente a la salud física, mental, sexual y reproductiva de las mujeres y aumentar la vulnerabilidad al VIH.

Entre los factores asociados a un mayor riesgo de cometer actos violentos cabe citar un bajo nivel de instrucción, el maltrato infantil o haber estado expuesto a escenas de violencia en la familia, el uso nocivo del alcohol, actitudes de aceptación de la violencia y las desigualdades de género.

Entre los factores asociados a un mayor riesgo de ser víctima de la pareja o de violencia sexual figuran un bajo nivel de instrucción, el hecho de haber estado expuesto a escenas de violencia entre los progenitores, el maltrato durante la infancia, actitudes de aceptación de la violencia y las desigualdades de género.

En entornos de ingresos altos, hay datos que apuntan que los programas escolares de prevención de la violencia de pareja (o violencia en el noviazgo) entre los jóvenes pueden ser eficaces.

En los entornos de ingresos bajos, las estrategias destinadas a aumentar la emancipación económica y social de la mujer, como la microfinanciación unida a la formación en igualdad de género y las iniciativas comunitarias dirigidas contra la desigualdad de género o tendentes a mejorar las aptitudes para las relaciones interpersonales, han demostrado una cierta eficacia para reducir la violencia de pareja.

Las situaciones de conflicto, posconflicto y desplazamiento pueden agravar la violencia, como la violencia por parte de la pareja, y dar lugar a formas adicionales de violencia contra las mujeres.

Las Naciones Unidas definen la violencia contra la mujer como “todo acto de violencia de género que resulte, o pueda tener como resultado un daño físico, sexual o psicológico para la mujer, inclusive las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la privada”.

La violencia de pareja se refiere al comportamiento de la pareja o ex pareja que causa daño físico, sexual o psicológico, incluidas la agresión física, la coacción sexual, el maltrato psicológico y las conductas de control.

La violencia sexual es cualquier acto sexual, la tentativa de consumar un acto sexual u otro acto dirigido contra la sexualidad de una persona mediante coacción por otra persona, independientemente de su relación con la víctima, en cualquier ámbito. Comprende la violación, que se define como la penetración, mediante coerción física o de otra índole, de la vagina o el ano con el pene, otra parte del cuerpo o un objeto.

La desigualdad de la mujer con respecto al hombre y el uso normativo de la violencia para resolver los conflictos están estrechamente asociados tanto a la violencia de pareja como a la violencia sexual ejercida por cualquier persona.

Consecuencias para la salud

La violencia de pareja y la violencia sexual producen a las víctimas supervivientes y a sus hijos graves problemas físicos, psicológicos, sexuales y reproductivos a corto y a largo plazo, y tienen un elevado costo económico y social.

La violencia contra la mujer puede tener consecuencias mortales, como el homicidio o el suicidio.

Asimismo, puede producir lesiones, y el 42% de las mujeres víctimas de violencia de pareja refieren alguna lesión a consecuencia de dicha violencia.

La violencia de pareja y la violencia sexual pueden ocasionar embarazos no deseados, abortos provocados, problemas ginecológicos, e infecciones de transmisión sexual, entre ellas la infección por VIH. El análisis de 2013 reveló que las mujeres que han sufrido maltratos físicos o abusos sexuales a manos de su pareja tienen una probabilidad 1,5 veces mayor de padecer infecciones de transmisión sexual, incluida la infección por VIH en algunas regiones, en comparación con las mujeres que no habían sufrido violencia de pareja. Por otra parte, también tienen el doble de probabilidades de sufrir abortos.

La violencia en la pareja durante el embarazo también aumenta la probabilidad de aborto involuntario, muerte fetal, parto prematuro y bebés con bajo peso al nacer.

La violencia contra la mujer puede ser causa de depresión, trastorno de estrés postraumático y otros trastornos de ansiedad, insomnio, trastornos alimentarios e intento de suicidio. Las mujeres que han sufrido violencia de pareja tienen casi el doble de probabilidades de padecer depresión y problemas con la bebida. El riesgo es aún mayor en las que han sufrido violencia sexual por terceros.

Entre los efectos en la salud física se encuentran las cefaleas, lumbalgias, dolores abdominales, fibromialgia, trastornos gastrointestinales, limitaciones de la movilidad y mala salud general.

La violencia sexual, sobre todo en la infancia, también puede incrementar el consumo de tabaco, alcohol y drogas, así como las prácticas sexuales de riesgo en fases posteriores de la vida. Asimismo se asocia a la comisión (en el hombre) y el padecimiento (en la mujer) de actos de violencia.

Repercusión en los niños

Los niños que crecen en familias en las que hay violencia pueden sufrir diversos trastornos conductuales y emocionales. Estos trastornos pueden asociarse también a la comisión o el padecimiento de actos de violencia en fases posteriores de su vida.

La violencia de pareja también se ha asociado a mayores tasas de mortalidad y morbilidad en los menores de 5 años (por ejemplo, por enfermedades diarreicas y malnutrición).

Costos sociales y económicos

Los costos sociales y económicos de este problema son enormes y repercuten en toda la sociedad. Las mujeres pueden llegar a encontrarse aisladas e incapacitadas para trabajar, perder su sueldo, dejar de participar en actividades cotidianas y ver menguadas sus fuerzas para cuidar de sí mismas y de sus hijos.

A pesar de todo lo anterior, la violencia machista perpetrada por el Estado Mexicano y las estructuras institucionales capitalistas y patriarcales de la Sociedad Mexicana, continúan complacientes y hasta proactivamente, generando cada día más y más violencia contra las mujeres y lo definido como femenino.

Las Mujeres en México, nos unimos y sumamos al reclamo mundial de parar todo tipo de violencia en contra de nosotras las mujeres. Paramos este 8 de marzo como cada quien pueda y durante el tiempo que pueda. Puede hacerlo en su misma casa no haciendo absolutamente nada. Puede hacerlo en el trabajo haciéndose presente y dedicándose a ella. Puede hacerlo en la escuela, puede tomarse el día sólo para ella. Puede organizar y organizarse con otras mujeres y salir al parque o a la calle y conversar. Pueden bailar hasta el límite del gozo y cansancio. Por un día, los hombres asumirán su propia existencia y se valdrán por ellos mismos.

Represalias, amenazas? Denúncielas. Hospitales sin mujeres, fábricas sin mujeres, gobiernos sin mujeres, y todas las mujeres a prodigarse cuidados para obtener lo que simple y llanamente nos corresponde. No más para otros, no más para dominio y usufructo o ganancia de otros.

“NOS ORGANIZAMOS PARA CAMBIARLO TODO”

‘Ni una menos’ el próximo 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, para luchar contra la violencia machista en el mundo.

Esta original e inédita movilización de mujeres ha logrado hacer viral la convocatoria en las redes sociales y el éxito de la participación se da por seguro tanto en los países de América Latina como en Europa. Esta convocatoria tiene su origen en la multitudinaria marcha celebrada el pasado 18 de octubre en Argentina. Millones de mujeres decidieron salir a las calles para decir basta a la violencia machista después de un caso concreto, lacerante, que colmó la gota que llenaba un vaso a rebosar.

Lucía Pérez tenía 16 años. Después de ser drogada y violada, fue empalada hasta ejecutar un asesinato brutal que echó a las calles de medio mundo a millones de mujeres. Desde Argentina, las movilizaciones se extendieron entonces a otros países latinoamericanos como México, Guatemala y Bolivia, entre otros, y otros en Europa como por ejemplo Francia.

8-M, paro mundial de mujeres contra la violencia machista

En Yucatán, no permitiremos más feminicidios ni más violencia sexual, trata o cualquier otra manifestación de violencia contra las mujeres.

Tampoco permitiremos que como el gobernador de Yucatán, detenten cargos en nuestro nombre como si realmente hicieran algo. Nadie hablará en nuestro nombre. Hablaremos nosotras mismas. Mucho menos permitiremos que una Institución como la UADY y la FILEY, hagan apología de violencia contra las mujeres y quede impune.

Este 8 de marzo, Yucatán se une y suma al Paro Internacional de las Mujeres en contra de la violencia machista.

Como el volcán, la lava a punto de salir.

ONU: Datos y cifras

http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs239/es/

shssr@hotmail.com www.shssr.net

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